Das Narrenschiff. (La Barca de los locos)

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Lluvia, buses (foto personal)

Era uno de esos días de lluvia y presas y gente en la calle. Caminar y esquivar peatones y sus paraguas homicidas mientras San José no resuelve si ahogarse para siempre o convertirse en litoral.

La lluvia sigue siendo una sorpresa a la que no estamos acostumbrados, a pesar de vivir en el trópico. Atascos, correntadas de agua sucia, pozos. Caminamos con un desasosiego de desastre. Los edificios a ambos lados de la Avenida Central parecieran a punto del derrumbe, a punto de engullirnos en una última expresión de la voracidad de esta ciudad demolida por nuestra empecinada desidia.

San José horrenda, que no sabe si hundirse o dejarse arrastrar.

No sé de qué iba pensando, si el trabajo, la familia. Las relaciones rotas a mitad de camino a ninguna parte. Si de repente debería dejar todo tirado y montarme ese proyecto que quiero, que desde hace años vengo fantaseando. No sé. Pero es hoy y llueve con tal ferocidad que sólo mis hombros están secos, que ya no tengo nada en claro, que todo es un montón de frío y esquivar otros humanos.

A cuenta de qué me comprometo con algo que no me importa. Pero tengo la absurda tenacidad de honrar mis deudas de honor, aún las más deshonrosas. Pensaba. Siempre pienso en todos mis amigos con ínfulas de suicidas fracasados cuando la lluvia logra embotarme.

A veces la lluvia me arrincona. No sé si quiero desaparecer entre las aguas o mirar los escombros de mí mismo huir por los desagües reventados. Casi como San José.

Camino la tortuosa realidad de la Avenida Central.

Llego a Chelle’s preguntándome quién soy yo, qué hago aquí, cuál es mi propósito en la vida. Si la mando a la mierda. Si espero que ella me mande a mí. Si debería preocuparme, otra vez, por salvar al mundo. Si debiera sentar a verlo arder. O… si debiera contribuir con mi propia cuota de keroseno.

Cruzo la calle. Llueve. ¿Estamos solos en el Universo? Cuento mecánicamente las cuatro monedas del pasaje del bus. Me cercioro, una vez más que están aquí. ¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿No es, acaso, una gran Barca de los locos? El semáforo en rojo. La montaña espeluznante de basura que siempre hay en esa esquina. La luz amarillo mugre que hay siempre aquí.

Cruzo la calle. Cuento las monedas. Apenas caigo en la cuenta que respiro. Hace frío.

Un remolino de gente detrás de la parada. Curiosos, muchos curiosos encubren algo. Fagocitan algo. Está en el suelo. Miran hacia abajo, comentan con el de la par. Hay una urgencia. Es la extrañeza. Yo no entiendo qué pasa, qué ha sucedido. ¿Por qué tantos están ahí? ¿Qué habrá pasado?

Entre la porquería del suelo, los curiosos y el agua de lluvia veo un torso. Unas piernas. Parece ser una mujer. Hay alguien agachado a su lado. La muchedumbre de curiosos ruge de silencio. Llueve, llueve tanto. Es la oscuridad aunque no es tan tarde. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué esa mujer…? ¿Por qué nadie hace nada? ¿Qué hago? ¿Me acerco? ¿Quién soy? ¿Cuál es el propósito de todo esto?

¿Cómo se llama su mamá? ¿Cómo se llama sumamá? ¿Cómosellama sumamá? ¿Cómo…? Una muchacha a un niño ¿..se llama…? El chiquillo tiene cara de querer huir. ¿…su mamá?

Dios mío. Creo que estaba muerta.

Though nothing, nothing will keep us together*

Es la hora que se encienden

algunas luces

el calor recuerda

instantes de mar

y esas cosas

que se pensaban

cuando se tenía total convicción

que el mundo estaba para comérselo

.

éramos inmortales

.

domábamos latas de atún y cerveza

pocas horas de sueño

un presupuesto quebradizo

con la violenta alegría de estar vivos

y tener carro

.

nunca fuimos tan héroes

como entonces

.

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De una canción de David Bowie: