Cuento

Alejandra

Para Ale, por la idea

Escuchaba Miles Davis, soñando con pastorear elefantes en la luna, ya no recordaba cuál canción en específico, pero es que si vos vieras, si vos entendieras exactamente… pero no importa guapísimo, te quiero igual, con esa ingenuidad tan tonta y tan tuya. Me podía ver guiando los animalotes, sus huellas grandes sobre el polvazal, con sus grandes brincos de falta de gravedad, tan torpes, tan ágiles. Parecían burbujas de jabón, que flotaban, rebotaban… bramando… porque a pesar de la falta de atmósfera podía escuchar. Las estrellas eran tan grandes y la Tierra tan chiquita… ¡El sol! Gigante, majestuoso, apenas me acariciaba la piel, era casi como ser feliz. Después desperté.

Y sus ojos ya no tenían brillo, murmuraba algo como y yo no sé de donde putas me da a mí por escuchar a Miles Davis… Pero no me mire así, guapísimo, que mamá no está triste solo un poco agüevadilla; se quedó viendo un lugar allá lejos, al otro lado de la pared, ojala y… ni mierda. No me voy a joder por ese mae. Vení guapísimo, ¿quiere un pedacito de zanahoria? Quiero hacer una ensalada bien sabrosa, hace mucho que no como una bien hecha. Además, ¡qué pereza ponerse a cocinar! Usted sabe que yo no cocino, no, no jejeje. Recuerdos de arroces chamuscados, pollos resecos y sopas desabridas, una sonrisa amplia. ¿Ve guapísimo? Mamá no está triste, solo piensa en cosas que no debería estar pensando. Porque de tanto estar en otras me podría cortar un dedo y no, no, eso es algo que ha nadie le gusta, ¿verdad, guapísimo?

Iba y venía entre vegetales y tomates, tarareando una canción de la que nunca había aprendido la letra, la la lá… turú… pom, pom, rataplán… No estaba muy segura si así iba, pero no le importaba. Descubrió unos champiñones que le hicieron guiños, al mismo tiempo que el chile dulce caía rendido a sus pies. Albahaca o tomillo… mejor orégano… ¿verdad que la albahaca…? Bueno, igual se la pondremos. Guapísimo, ¿donde habrá dejado mami el aceite de girasol? Pero aquí está el de oliva, fantabuloso. Y se rió de sí misma, por decir tonteras.

Se sentó, comió y se levantó en un silencio despedazado por el televisor y una serie cómica que no le hizo gracia. Guapísimo dormitaba.

Lavaba con desgano sus platos, ¿Y si tomamos un poco de vino? Una copita nada más, y se sentó frente al computador a revisar su correo, a ver si había alguna amiga conectada, buscar videos; guapísimo, ¿vos qué pensas? ¿Esta película se ve buena? Los actores no son tan malos, un mensaje a su celular… ¡uy! ¡qué chichón con este idiota! Me pregunta que si estoy enojada… Yo no entiendo en dónde tiene la cabeza.

Media hora más tarde y con las mejillas rojas estaba acostada en el zacate del patio, no sé por qué dejé de hacerlo. Claro si se dieran cuenta las chiquillas… se imaginaba los comentarios de loca, de atravesada, de rara… De borracha… jejeje ¿en qué momento…? Levantaba la botella vacía hasta la mitad, guapísimo la miraba arrecostada a ella, ¿creé que estoy muy vieja para estar en estas? Guapísimo sólo entrecerró los ojos. El cielo estaba nublándose, qué cagada, ¿qué me pasa? Se levantó de improviso y guapísimo gruñó un poco, incómodo, no te pongás en varas, vení, abrazándolo. Ahora sí, dígame, ¿qué me pasa? Vieras que no me gusta lo que estudio, pero eso ya usted lo sabía, igual no me gusta y estoy triste, sí estoy triste. El idiota de Mauricio me tiene harta, y claro a él hay que perdonárselo todo, él, el bueno, el inteligente, el más mejor… Pobrecito, vino cansado, deje que duerma. Claro, si se fue a mejenguear toda la tarde, y si yo quiero escuchar música bien alta para desestrezarme por haber estado estudiando durante una semana, no puedo, y no, no me da la gana ponerme audífonos, quiero que los vecinos escuchen y ensordezcan. Que llamen a la policía, que yo sea una molestia… ¿Qué me pasa, guapísimo?

Empezó a hacer las cuentas… ya iba a inciar su tercer año de universidad y no se había pasado de carrera. Acababa de cumplir su segunda década… mierda… se da cuenta guapísimo, ahora sí que estoy roca. Sorbito de vino y cara al cielo, no se ve el sol y no está haciendo calor, cómoda y atontada. Creo que estoy siendo feliz en este preciso instante, dos y ventiocho con… ¡once segundos! No me sentía así en mucho tiempo. O estoy borracha, jijiji… se imaginó otra vez a las chiquillas mirándola espantadas, la indiferencia jocosa del idiota de Mauricio, la autorrecriminación estridente de su madre, la congoja gruñona de su padre, el remordimiento de Joaquín, su otro hermano. Pero no llegaría nadie hasta mañana, otra noche sola sin nadie que la notara… hoy duerme conmigo, guapísimo. Ya sé, ya sé. Eso no va a evitar que un ladrón se quiera meter, pero igual ¿qué le molesta? Ve… no te molesta nada, guapísimo. Mierda, otra noche sola y se levantó.

Cuando cerró bien el portón de la calle respiró hondo luego de un último sorbo antes de tirar la botella, vacía, por donde mejor le pareció. Dio tres pasos en la acera como primer reto a ese residencial clasemediero y aburridor. A guapísimo lo dejó salir sin correa, no le pareció justo. No se molestó en llamarlo para que no se fuera pelear con los demás perros del vecindario.

Lanzó las llaves sobre las rejas del patio y se volvió satisfecha hacia la calle principal. Puso Miles Davis a todo volumen en su reproductor mientras caminaba. Fue entonces cuando el primer vecino se dio cuenta que la mínima, la simple, la inofensiva Alejandra, la intrascendente hija sánguche de la familia de la casa 14B caminaba desnuda, frente a él.

Ahora sí, guapísimo, ahora sí van a llamar a la policía.

26 de noviembre, 2009

Alajuela Centro

La imagen es tomada de aquí

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