Guardé tu alma en el mellotron*

El bus de la noche con un amigo caído en el campo de batalla de un viernes de San Pedro, traicionero y brutal cuando no se tiene práctica en apostar la vida siempre con la peor de las manos. Volver sin la frente marchita, solo volver.

[que 27 años no es nada]

El viaje con el fantasma de ella, por la insistencia de él en retenerla en su presente. Y yo luego, ¿está bien? No, estoy mal, hasta estoy sudando frío. Aguante mae, ya casi llegamos. Finalmente la parada y el taxi de salvación a una hora bastante decente para haber sido la extraordinaria reunión de la mesa más multidisciplinaria de todos esos que nos fuimos uniendo en la ardua labor del café,  de las charlas, de las anécdotas, de las risas, de las cervezas. De seguir en contacto luego de los años salvajes de la Universidad.

Volver con la noche a cuestas, un algo de extraña paz luego del coqueteo sin promesas a la pulsión de muerte que implica cruzar a pie y en buses San José, atontarse en San Pedro, cruzar de vuelta en taxi por San José para el bus de vuelta a casa. Y consciente que tanto santo no hace nada piadosa esa travesía ni mucho menos promete la salvación.

Luego el día siguiente, otro bus, San José de nuevo con su atracción de hoyo negro, deber esta vez, no placer. El sauna de una mañana de sol picante luego que la lluvia se desgañitara la jornada anterior durante 10 horas, con breves pausas de garúa, a veces en pelo de gato, pero constante, constante, constante, como el bochorno brutal de devolver al cielo la génesis de otro aguacero que nos empapará pronto. Alguna vez me dijeron “es imposible sentirse solo en el trópico, con una humedad relativa del 80% siempre te sentís acompañado, abrazado por alguien”.

En ese día siguiente sudoroso, la casualidad que no mira fechas de gestas ni nuevas Asambleas Legislativas, hizo que me encontrara con la primera a la que le endilgo el nada honroso título de ser “la madre de los hijos que no quiero tener”. Entre bus y bus, antes de conocerla, empecé a tararear “asesíname, asesíname, asesíname”

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¿*Mellotron?

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4 comentarios en “Guardé tu alma en el mellotron*

  1. Qué bien además de bonito escribes. No menos denso: “apostar la vida siempre con la peor de las manos” ; “con el fantasma de ella (o de él), por la insistencia de él (o de ella) en retenerla” ; “con la noche a cuestas” ; “tanto santo no hace nada piadosa esa travesía ni mucho menos promete la salvación”

    Tienes suerte de que no sepa escribir porque te copiaria ahora mismo todas estas frases. ¿No nos asesinan o asesinamos siempre aún sin quererlo? [este último vídeo se me hace un poco raro a mi estilo]

    Sobre otra entrada ¿cómo se puede romper un corazón con cariño? Si te rompen el corazón te lo rompen. Pero suena precioso el propósito.

    Hay orden además de concierto en tu forma de escribir pero leerte es un poco como “bajar el Annapurna”

    • Buena nota, gracias.

      Mirá lo del video, al bueno de Charly García no lo escucho, es verdad, solo que en estos últimos días lo he estado tarareando sin razón aparente.

      Esta vez tenía ganas de escribir sobre la lluvia, pero me acordé de la canción en uno de los tantos buses de mi vida y luego me encontré a esta chavala preciosa. Al final no di el brazo a torcer y al menos, con el recuento del día anterior, hablé de ella, aunque fuera de pasadita.

      Romperlos con cariño, esa es la ironía, tal vez, o solo buena intención.

      Estoy pensando cómo bajarlo, solo que estos días están de locos

  2. Sabes me ha recordado a una despedida de soltero (no sé si teneis estas celebraciones por aquí).
    Creo que los que viajamos en autobús, tenemos tiempo para imaginar toda clase de historias y conocer a mucha clase de gente. Lo que te da para plantearte tu vida y lo que te rodea.
    Ayer llovió todo el día y yo que me fui a la ciudad (Barcelona) a pasear me tuve que contentar con ver las calles a través del crital mojado de los autobuses. Y para los trayectos no hay santos que nos trasladen bajo su protección sólo números aleatorios y simples.
    Salut

    • Sí, por acá también despedimos a los solteros antes del “matricidio” y no creo que te pueda decir que sean algo exóticos o curiosas, lamentablemente. Muchas son como se ven en las películas gringas: alcohol, desenfreno y estripers.

      Yo soy un animal de bus y es cierto lo que decís se ve cada criatura de la fauna humana como para escribir un bestiario medieval. Lo más bonito es ver a través de las ventanas, introducirse fugaz en las vidas de otros, ver como los edificios corren hacia atras, como si no quisieran encontrarse con uno en nuestra parada de destino.

      Por acá es normal que “en invierno” empiece a llover despuecito de medio día y termine hasta bien entra la noche o madrugada. O los días de “temporal” que llueve, llueve, llueve para siempre durante varios días seguidos con apenas pausas, el cielo es un trapo sucio. La vida entonces transcurre entre suéteres [jerseys], paraguas, estornudos, bebidas calientes y zapatos empapados desde la mañana que salís de casa hasta la noche que volvés a ella.

      Para trayectos largos y si andás con poca plata lo mejor es encomendarse a Sán-guche [hay quien lo llama San-dwich]

      Saludos

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