Cuento.

Globalización I

El parque quedaba a una prohibición de ir sola pero todos los sábados eran la gloria. Rosaura se llevaba consigo sus nostalgias de Matagalpa que le ayudaban a acompañar a la  niña, que tenía permiso para salir corriendo hasta la Calle Ancha y devolverse, a la Calleancha y de vuelta, Callancha y la vuelta en un tira y encoge agitado pero feliz como cielo en enero y cada vez más corto, hasta que el paso menudo de Rosaura le ayudaba a alcanzar la esquina.

¡Melissa! La voz seca de la mujer. ¿Que hay que hacer al llegar a una ejquina? La pequeña la miró bizqueando, deslumbrándose con el sol de media mañana, el borboteo de una risita pícara disfrutando en un remolino de felicidad, ¡mirar arriba y abajo!, marcando  las erres de forma inusitada en alguien de esas tierras.  Rosaura sonrió con algún vestigio de triunfo y le alargó la mano, mientras la reprendía con un, tenéh que mirar a loj lados para ver que no venga un auto. El ritual de volver la cabeza hacia el este, pero Melissa no sabía que ése era el este, tan solo era “arriba” y luego espiar el oeste, “abajo”. Todo tranquilo en la modorra de un sábado en esa aldea con pretensiones de ciudad grande.

Debajo de los árboles Melissa era dichosa y revoloteaba trinando grititos y risas, persiguiendo a otros niños de los alrededores, siendo perseguida. El obelisco era el sitio preferido para jugar quedó, la anda o inventarse una bandada de formas distintas de imaginar la felicidad. Madres, abuelas, tías y Rosaura miraban ese chisporroteo de energía siguiendo con algo de orgullo, algo de preocupación las idas y venidas.

No faltaba que alguno se cayera y a veces nada más un gimoteo, una mueca de trueno que presagiaba un llanto que no llegaría nunca, porque más entretenido era seguir jugando, a pesar de una rodilla sangrando, o el chichón, o el raspón. A veces era imposible aguantarse la tromba de mocos y lágrimas y espavientos de la madre, la abuela, la tía que a veces era un ¿miamor está bien?  y ya no me juega más, y si estaba en el destino irse a casa, pues se iba a casa y si no, luego de un rato de suspiros, lagrimones y caricias reparadoras, sentía el llamado de la selva y va de nuevo, a brincar, correr, descubrir la dicha. En ocasiones un pellizco, pataleos ¡drama! Le dije que tuviera cuidado, nalgada, vea cómo se puso. Nos vamos para la casa, inapelable, por más gritos y gritos y un jalón de pelo y de nuevo nalgadas y encomiéndese a quien sea porque en la casa le iba a ir peor. Nadie ha sido niño si no ha dejado pedacitos de sí mismo mientras corre detrás de una bola de fútbol, o brinca la cuerda, o se cree tarzán, o juega a los vaqueros, o se ensarza en un guerra santa con palos, piedras, carritos, zapatos, semillas de lo que sea, o…

Rosaura no tenía que preocuparse con Melissa, si el desperfecto era muy fuerte llegaría con los ojos como dos sorpresas,  asentarse junto a ella para que un instante dejara de acariciar sus nostalgias por Matagalpa y le ofreciera un campito en su regazo de madre de los 6 chigüines que no la pudieron acompañar. Después le mostraría la heridita o heridota que se hubiera hecho y ella, según su consideración, la mandaría a jugar con un eso no ej na’a, en la casa noh preocupamoh, o se la llevaría a su casa para que con un ejtáte quieta le limpiara con agua y jabón, le soplara la carne viva y una sonrisa, si aún tenían tiempo ¿queréh jir otra vej al parque? A ella le agradaba la niña, no lloraba por nada, siempre parecía vivir en otro momento, uno de colores más brillantes, de soles más benignos, de aguaceros de leyenda que no enfermaban ni dejaban tiritando pero que eran salir a correr, brincar en todos los charcos a no dejar un milímetro de su cuerpo sin embarrialarse, porque luego de los aguaceros ¡el barro! Lo poco que Melissa comprendía de Dios, era que se trataba de un señor con cara de perro apaleado y triste que dormía casi chingo con los brazos abiertos en la iglesia, y que en diciembre el Niñito Dios le traía los regalos. En los tiempos que logró comprenderlo más, ya no se escapaba a vivir bajo la lluvia, era el temor de hacer algo malo, de ganarse el infierno. Y ahora que prefiere no saber nada de él, cuestionando con argumentos muy congruentes su existencia, jamás podría ocurrírsele dar gracias por el barro de su niñez y ya para entonces hacía mucho que el gordo Santa Clos había mandado a retiro al Niñito Dios. A Rosaura le gustaba que esa niña viviera en otra frecuencia y solo se sintonizaba con el resto del mundo para decirle Rosaura linda y ella apartando de a poquitos su Matagalpa del alma, yo también, dame un beso.

Una tarde cayó el Muro, pero eso ni a Melissa ni a Rosaura les importó. A los años Melissa diría que se acuerda de ver por tele las imágenes pero no tiene una memoria muy clara, porque a los días su familia dejó para siempre la ciudad de calor imposible donde sí se quedó Rosaura. No entendió muy bien qué pasaba con ese paseo tan largo y luego de rondar a su madre, acechante, ¿cuándo volvemoh a casa? la niña, esta es nuestra casa ahora, la madre. ¿Dónde ejtá la Rosaura? Se quedó allá. ¿Y no viene? No.  La niña no lloraba por nada. Después fue acostumbrarse a la nueva ciudad, fría y envuelta entre sábanas de neblina, a la fractura de la escuela, sin el parque de sus sábados. Un día perdió el acento prestado.

Una reunión de trabajo para el olvido, larga y tediosa, pero finalmente había salido bien. Su novio la esperaba en el apartamento para la cena de celebración de sus 3 años de jalar. Habían hablado de matrimonio, hacía muy poco. Ella se había extraviado buscando la salida de la ciudad y sin darse cuenta terminó en el parque de sus sábados. No lo reconoció, lo habían adoquinado y remozado. Si no fuera por el hospital en frente… el antiguo hospital, ya no está en funcionamiento, le habría costado más reconocerlo. El frenazo y la maniobra totalmente prohibidas y a destiempo, con soundtrack de llantas chillando e improperio de autobusero, y de nuevo allí sin creerlo. Sosteniéndose el corazón con las manos se dio cuenta que habían quitado para siempre el obelisco del centro.  Un fino pelo de gato que se fue transformando en garúa y luego lluvia le hizo cariñitos, al diablo el pelo aplanchado, no se iba a mover de ahí y se acordó de Rosaura cantando bajito “…pero ahora que ya sos libre…”, mientras limpiaba. Es agua lo que tiene en sus mejillas, Melissa no llora por nada.

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8 comentarios en “Cuento.

  1. Es lo más bonito que he leído desde que ando “patinando” por estos mundos. Has superado a mi adorada Micro cosa bien complicada. Qué bonito ese fin en las líneas que escribes desde “Sosteniéndose el corazón con las manos …”

    Qué bueno que tras tanta lluvia que tanto nos ha fastiado escribas ” … la lluvia le hizo cariñitos, al diablo el pelo aplanchado … ” Me imaginé ser tu personaje [además de con las espinillas luché siempre con los caracoles del pelo] escuchando a Rosaura cantando bajito …

    Y … ¨desde pequeña que no escuchaba a Carlos Mejía Godoy en su canto del pueblo con ¿los de Palacaguina? ¿era así?

    Feliz con esta emotiva canción que le cuadra a un lindo cuento sobre algunas de las consecuencias de la globalización . Enhorabuena. Gracias.

    Un saludo.

    • Muchas gracias, todo un enorme honor me hacés.

      Y es que acá ando con nostalgia de lluvia, se supone que ya entramos en época de lluvias y salvo uno o dos días todo sigue con sol y con calor imposible en esta ciudadcita con pretensiones de ciudad grande.

      Mirá vos, según saco en claro, acá le decimos “colochos” a lo que vos llamás caracoles del pelo.

      Sí es con los de la Palacagüina, genial el Cristo de Palacagüina: http://www.youtube.com/watch?v=IktY_Hwg6sc

      Y no los volvió a escuchar porque ese no era el tipo de música no eran los preferidos de su familia.

  2. Buen cuento. Quien no ha tenido rozaduras para que mamá le ponga una tirita (band aid) y le de un beso que todo lo cura.
    Quien no hecha de menos a la nana (tata) que fiel hasta olvidar los suyos la hizo crecer.
    Me ha gustado leer tantos vocablos (alguno irreconocible) la globalización no solo descoloca las personas sino que se como las palabras.
    Salut

    • Acá a las tiritas les decimos “curitas” 😉 Uy esos besos eran mágicos, qué lástima que con el tiempo ven perdiendo efecto y le vamos teniendo más fe a las pastillas.

      La cuestión con Rosaura es que ella es nicaragüense, indocumentada acá, que trabaja como “empleada doméstica”, que cobra poco y molesta menos. Situación muy común. Y muy común también es que las mujeres migrantes dejen su familia atrás, le envíen el dinero que puedan ahorrar, los extrañen.

      Acá en Costa Rica hay un fuerte componente xenofóbico hacia los nicaragüenses, en chistes, en la prensa, en todo lado. De hecho el gentilicio nica es usado acá como insulto o como mote desagradable, y se les discrimina bastante feo. Y han habido problemas limítrofes y políticos desde, si no me equivoco, poco después de La Guerra de los Filibusteros de 1856-57. Además, porque una gran parte de la provincia costarricense de Guanacaste, en tiempos de la colonia española era una división administrativa dependiente de Nicaragua, que, poco después de la independencia decidió anexarse a Costa Rica y eso provocó sus momentos de gran tensión. Además, con el triunfo de la Revolución Sandinista [1979] de corte izquierdista, que derrocó la dinastía dictatorial de los Somoza, desde Costa Rica y Honduras grupos Contrarrevolucionarios [La Contra] armados y asesorados por Estados Unidos se enfrentó con el nuevo régimen provocó muchos conflictos y resentimientos que aún no se han resuelto. Además, por el ego insufrible de los ticos de considerarnos mejores, más civilizados, más “europeos” que el resto de “indios” de Centroamérica.

      De hecho, Nicaragua actualmente, es el segundo país más pobre del continente, el más pobre es Haití.

      -en el video, al puro principio se ve la imagen de un hombre en un círculo blanco y un fondo rojinegro, Augusto César Sandino, revolucionario de principios de siglo XX de quen se inspiraron para llamar a ese grupo guerrillero-

      Sucedió mucho, no sé si todavía pasa, que los hijos/as pequeños/as de las familias donde trabajaba una empleada nicaragüense terminaban hablando con su acento y utilizando sus palabras. Y es que esas mujeres, a parte de lavar, aplanchar, barrer, limpiar, sacudir, además, tenían y tienen que encargarse de los/as pequeños/as

      Espero no haberte aburrido con esta mini lección de historia

  3. No me ha aburrido, ya te dije que aprendo mucha historia (de la que a veces por aquí no tenemos ni idea).
    Por aquí tambien hubo de esas mujeres, al principio venian de los pueblos pequeños a la capital y se convertían en pseudomadrecitas, dándolo todo por los niños y después por la familia. Luego con la emigración llegaron sobre todo del sur y la nana o tata cambió de acento. Tambien hubo mestizaje linguístico.
    Con respecto a Nicaragua se sabe más por aquí que de Costa Rica, hay mucha gente que se apunta a ONGs y se la tiene por un país pobre que ayuda a que algunos ricos se sientan bien con su conciencia enviando dinero y materiales o participando en campañas de toda clase. Costa Rica la vemos como más “blanca” en todos los sentidos, paraiso para pasar la luna de miel y el final de carrera, y poco más. Sobre los sandinista tendrías que oir la variedad de opiniones depende la ideologia de quien comenta.
    No tengas reparo en dejar tus retazos de historia que siempre me parecen interesantes. Es como hacer un postgrado (master) a distancia 😉

    • Ah, buena nota. Por cierto, jeje aquí tata significa papá, pero muy informalmente.

      Sí, aquí en Costa Rica no suceden grandes cosas que le llamen la atención a los medios internacionales [lo que es muy bueno y muy malo]. Carlos Cortés, escritor costarricense, inicia su libro “Cruz de olvido” así:

      “En Costa Rica no pasa nada desde el Big Bang…”

      Y lo peor, es eso, que afuera se nos ve como una playa para turistear… Pero de eso la culpa es nuestra.

      Con los sandinistas, a mi juicio su lucha era justa y el bloqueo y boicot económico al que fueron sometidos, además de la contrainsurgencia fue lo que se llevó al carajo a ese país. Hay que sumarle incompetencia para gobernar de los sandinistas, desgraciadamente. La corrupción y a que Daniel Ortega se preocupó más por concentrar el poder en sí mismo, tal como lo está haciendo ahora que es presidente por 2ª vez. En parte por eso también se dio la Contrainsurgencia, no solo eran grupos de la antigua guardia somocista, sino exsandinistas desencantados con el proceder de los líderes.

      Y hay que sumarle desastres naturales: en 1972 un terremoto destrozó -literalmente- Managua, la capital. En 1988 el huracán Juana arrasó el Caribe, en 1992 un tsunami en el Pacífico. El huracán César en 1996 que no fue “tan grave”. Y el huracán Mitch -considerado de los más poderosos en los últimos años- que en 1998 que arrasó gran parte, también.

      Los nicaragüenses dicen que solo les falta que algún día les llueva fuego.

      ¡Saludos!

  4. Me ha gustado saber lo de “colochos” como me ha gustado la explicación sobre la que he tenido que sobrevolar ahora [estoy trabajando aprovechando el rato justo del café (aquí muy concentradito, nada de litros, sin licor) que son minutos] pero que guardo para leer con calma.

    Dejé de escucharles porque … pues no sé porque pero dejé de escucharles. Me sabía de memoria Cristo de Palacagüina que por aquí cantaba también Elsa Baeza. Hubo una época que anduve a todas horas con esa canción especialmente aunque tardé años en comprender la segunda vuelta de la letra de la poesía de Carlos Mejía contra la opresión de Somoza [es que estaba entretenida con las espinillas … es broma, es que era muy pequeña para entenderla]. Otra que recuerdo es Son tus perjúmenes. Anoche estuve escuchando las dos en you tube pero este fin de semana buscaré algún CD en la tienda pues no tengo ninguno.

    No me fijé que en el vídeo aparezca Sandino ni estoy muy al corriente de lo ocurrido con la revolución sandinista ni de la situación actual de Nicaragua salvo cuando escucho como hace poco conflicto concreto que salta a prensa con más alta voz, aunque sí tengo identificado a Carlos Mejía como te dije con la voz revolucionaria del pueblo sometido en los límites de la miseria. Ignoraba que existiese conflicto xenófobo con Costa Rica. Me gusta el máster [más por favor] como dice la señora de ahí arriba.

    Sobre servicio doméstico o niñeras no puedo opinar porque en mi casa, de ingresos normales tirando a justos, con pocas necesidades además, no hubo nunca. Sería hablar por hablar sobre lo que creo que ocurre. Cuidaba niños por noches o meses en verano en la playa como muchas otras universitarias pero eso es otro asunto distinto a lo que tu has planteado.

    Un saludo.

    • Todos los días se aprende algo nuevo 😉

      Colocho también sirve para denotar enredo o maraña, pero ya casi no se usa “-Fulano se hizo un colocho explicando y no le entendí nada-“. Hay un juego, Twister, que aquí antes se le llamaba Colocho.

      Jejeje y lo del café… Es que ese día TENÍA que terminar -a como fuera- unas cosas que estaba haciendo y era necesario estar despierto.

      Y lo de esa parte de dejar de escuchar ese tipo de música, creí que te estabas refiriendo al personaje del cuento no a vos. Es curioso como hay veces que uno no sabe porqué deja de hacer las cosas y al tiempo es… mirá pero si a mí me gustaba tal cosa…

      Te recomiendo Perrozompopo, Ramón Mejía -hijo de uno de los Mejía Godoy-, tiene canciones y letras interesantísimas y muy bonitas. Esta es una de las que más me gustan: http://www.youtube.com/watch?v=9mctHKfJaVw

      Vieras que la cuestión xenófoba aquí es bastante jodida, ya no tanto, me parece, pero sigue ahí, no de forma explícita, pero se nota. Se dirige sobre todo hacia los nicaragüenses, pero no en vano en el resto de Centroamérica no nos tienen en mucha estima. Da pena admitir que nos lo hemos ganado.

      Desafortunadamente los gobernantes nicaragüenses ayudan a estos odios, también. Es mecánico, cuando hay un conflicto que dañe la imagen del gobernante, reviven el problema limítrofe del río San Juan [Que es nicaragüense, pero los ticos tenemos derecho de tránsito comercial, nunca de guerra, según el tratado Cañas-Jerez de 1858] diciendo que los ticos queremos robarnos el río. Un presidente tico -olvidé su nombre- decía “En CR tenemos 3 estaciones: invierno, verano y problemas con Nicaragua”.

      Nicaragua está mal, analfabeta, olvidada por sus gobernantes. Hace unos años tuvo que pedir la condonación de su deuda ante los organismos internacionales y ante otros países. Creo que se la dieron en su totalidad. El gobierno de CR lo hizo a regañadientes.

      Yo tampoco tuve nana, y mi familia nunca tuvo alguna señora contratada, hasta el día de hoy no sé como hicieron mis tatas [padres]. La salvada conmigo y mi hermano es que mi abuela vive a los 200m y mi mamá tiene 5 hermanas/os y fue la primera en tener hijos, sobraba gente que nos cuidara. Y las tareas domésticas, diay, todo el mundo tenía que ayudar.

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