Para bajar el Annapurna

Para bajar el Annapurna se necesitan dominar los secretos del miedo. Luego, es de suma importancia superar la desesperación de subirlo. Aún antes siquiera de poner un pie buscando la maravilla que se ofrece a todos, a todas, a cualquiera, pero se da muy pocos.

Para bajar el Annapurna se necesita armar de voluntad, obstinación y las ansias primeras de ser héroe, con el convencimiento que solo unos pocos lo sabran y unos menos podrán comprenderlo en su totalidad, injusticia que hace más feliz el convencimiento de ser héroe. El cuidado de jamás dejarse engañar por los espejismos de ser recordado en leyendas y canciones que dan la falsa impresión que ya se ha subido sin haber dejado la comodidad aturdidora de la casa y todos sus aparatos nunca domesticados que hacen menos grave la faena de vivir. Evitar las avalanchas de confianza al convencerse que ya se ha subido sin haber dejado atrás el recuerdo de manjares sabrosos que espantan la valentía, rutinas fáciles y el afán de ser algo más que un número de identificación. Jamás se saborearán igual, porque en las soledades de la nieve está el peligro de no volver, los bramidos de bestia enojada, el viento que arrastra todo menos el frío, la certeza reptante de ser uno más de los olvidos que se recuerdan siempre y que aceptaron la invitación a la cama nupcial de la muerte, imposibles de resistir su regazo tibio.

Para bajar el Annapurna se debe respetar a la diosa de las cosechas y la abundancia, el celo con que guarda su soledad y lo terrible que es con aquellos que intentan perturbarla, tan grande es su cólera que se deja para sí, a cuatro de cada diez valientes que se atreven a plantar sus botas sobre su cuerpo majestuoso.

Para bajar el Annapurna se debe comprender y amar con pasión la locura que abraza y acompaña desde la lejana niñez de ojos grandes, los convencimientos de haber nacido para ser algo más que un ciudadano, evitar las persuasiones de sedentarismo de los otros niños que, seguros en su falta de osadía, terminarán siendo corredores de bolsa, gerentes generales, ejecutivos, diputados, policías, periodistas, presidentes de la república, únicamente … Y ya desde el inicio de los dientes y los primeros pasos la vocación por ver al mundo hacia abajo con las dos manos aferradas a la certeza de una montaña se encabrita y salta en lo más profundo de los deseos, siempre confundido con el desasosiego simple de conocer que hay allá, y luego más allá y aún más allá, y saborear con la boca llena esos espacios donde la vista no alcanza, el territorio de la imaginación.

Para bajar el Annapurna se debe saber que la mayor gloria es la que se obtendrá con una cama suave, una bebida y una habitación calientes, los besos y los abrazos de quien te quiere realmente, las felicitaciones de otros locos, otras locas con la piel y la sabiduría curtidas en la interperie de una ladera a miles de metros sobre las ciudades, sobre las cabezas de ciudadanos felices y anónimos, atados para siempre a las tierras bajas de una vida común y silvestre. Pocos sabrán de los humanos que buscan domar deidades y titanes con su pequeñísima y enclenque humanidad y que lo logran sin estrépito de trombones o fanfarrias de apocalipsis. Cuyos 15 segundos de fama, cuando mucho, los logran por los reveses que les espantan la vida, la alabanza de los medios al fin, cuando ya no importa. ¿Quién se puede interesar por los pedestales tambaleantes de la televisión o de la fugacísima internet cuando se ha logrado acariciar al cielo con las propias manos?

Para bajar el Annapurna hay que dejarse adentrar al país del ensueño, sabiendo de antemano que al volver no será igual la vida tan lejos de las cumbres.

Idea salida de acá

Imagen tomada de acá.

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8 comentarios en “Para bajar el Annapurna

  1. Espléndida reflexión. Para bajar el Annapurna debes ser muy valiente, se está demasiado bien arriba.
    Me ha gustado mucho Adrián. Lo he releido porque dice tanto, que una lectura no basta.
    Salut

  2. Es una belleza. Lo he leído con mucho detenimiento. Lo has contemplado todo. Como si el Annapurna fuese el sentido de la propia existencia. He ido anotando a modo de resumen: “superar el miedo”; “paciencia al subirlo”; “voluntad u obstinación”; “eludir espejismos, exceso de confianza o vanidad”; “amar la propia locura ? [creer en uno tal vez]”; “no aceptar invitación de la muerte”; “vínculos fuertes abajo que obliguen al regreso” sin estrépito ni fanfarrias.
    Nudo en la garganta. Invitación importante a la reflexión. Gracias Adrián. Saludos.

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