Los extraños caminos de la nostalgia

Un olor que te  humedece los ojos

un brillo que te eriza la nuca

una sonrisa, que más que sonrisa es una invitación al odio

ese pajarito que picotea la acera y te encontrás pensando en la tía que hace tiempo que no ves,esa, la mamá de aquella prima que no podía hacer más bulla porque la garganta no hubiera soportado; aquel paraguas azul con manchitas que le pone el corazón a mil al que te está contando esa historia inverosímil de porqué no la volvió a ver y vos que no sabés cómo confesarle que fue por tu culpa

a veces una melodía, sabés, te pone a orbitar ahí en ese espacio de nada donde antes estuvo la MIR

no falta que alguien te nombre a esa teoría que leerla es masticar desiertos, y que cuando lográs comprenderla sabés que has perdido para siempre un año de tu vida como dicen que sucede con el cigarrillo, pues allí precisamente en el punto central de su incomprensión salta la tibieza de unas caderas, la sorpresa de descubrir ese mensaje en Braille en los lunares desparramados por todo ese cuerpo de mujer y que decían “sí, esta noche es con vos”, o que así te lo creíste

unas fotografías en la que salís rodeado de olvidos

también están esos latigazos de pequeñas culpas, de remordimientos sencillitos; mierda, no debí… puta sal… si hubiera… y sacudís la cabeza te amarrás la mentirilla o mentirota que te hace salir adelante. en ocasiones es una invitación para reunirte con tu veneno

un automóvil

una canción

aquella película tonta

vidrios rotos

.

Imagen tomada de acá.

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10 comentarios en “Los extraños caminos de la nostalgia

  1. siempre me fijo en tus etiquetas; no siempre las entiendo; hoy sí, o eso creo; lo cotidiano es lo más extraordinario; no es nada noble comentar acá lo que he sentido al leerte de nuevo tan lindo; ¿todos estamos ahí siempre Buitre? sí, era esa noche, esa, ésta, todas las que hubiese querido; estoy entrando repetido estos días porque estás escribiendo muy bueno pero me cuesta asimilar bien lo denso que es aunque parece ligero; en este momento huele tanto que tengo lo ojos húmedos; un guiño tico;

  2. Cierto, hay veces que eso que no vemos de tan acostumbrados, dejaría con la boca abierta a más de uno. De ahí que tengo la etiqueta Cotidiano y Cotidianno -para aquellas cosillas que se salen un poco de lo “normal”- y Extraordinario para las que sí que son bien raras.

    Sí, todos estamos ahí, removiendo alguna que otra ceniza, sonriendo la misma sonrisa cómplice de hace quién sabe cuánto, en esta o aquella otra noche. Lo malo es no saber dosificar la nostalgia y ésta va acompañada por lágrimas, ahí sí ya no es tan lindo “nostalgear” -y si se te ocurre escuchar boleros, tangos o baladas románticas… pero, porque buscás alguna galleta soda para cortarte las venas, jejeje-

    Buena nota

  3. Entre lo cotidiano y lo extraordinario. Así nos movemos cada día,
    qué hay de uno y de otro depende a veces no tanto del hecho en sí como de nuestra percepción. En ocasiones un hecho simple es extraordinario y otras algo extraordinario ni se tiene en cuenta.
    Buen texto Adrián.
    Salut

    • Exactamente y a veces tiene que llegar un tercer par de ojos para abrirnos los nuestros.

      Y es entonces que se puede decir con cierto alivio, “mirá, no estoy tan mal”

      Saludos

  4. Solo el amor desequilibra el cosmos de lo cotidiano. Si somos capaces de “sentir” esa fuerza, somos capaces de todo. De lo soñado y querido y hasta de lo más vulgar: lo rutinario.
    “Un brillo que te eriza la nuca”…
    Un abrazo

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