Candelas para Saray [Parte III]

Ella llegó a su casa sin saber qué hacer. Su madre le preguntó qué había estado haciendo, dónde había estado metida, por qué no había llegado a almorzar, pero ella no dijo nada, respondiendo con evasivas después que le insistiera por un buen rato y el tono de su voz se elevara peligrosamente trayendo el presagio de una reprimenda y un castigo. Se fue a encerrar a su cuarto, un acto casi suicida por ser el lugar más caliente de la casa durante la tarde en verano. No, definitivamente tenía pereza de hablar con Lawrence y no le hacía gracia comentar los cotilleos recalentados del pueblo con Paulina. El problema es que Boris no abriría hasta las seis de la tarde. ¿Qué iba a hacer en las siguientes dos horas?

Acarició con melancolía los esqueletos de erizo de mar que su sembrador de historias le regalara. Uno por cada poema. Eran tantos que ya no sabía dónde ponerlos, desbordaban su mesa de noche, el respaldar de la cama… Temía que algún ecologista llegarse a su casa y los viera, horrorizándose ante ese montón de suaves cascarones. Se acostó en su cama a pesar del asfixiante contacto de las colchas con su piel en el sauna en que se convertía su habitación, con especial saña, a esa hora. Sudaba un chaparrón, pensando en las historias que él traería aparejadas con los peces que había logrado arrebatarle al mar. Además le emocionaba sobremanera el momento que él desmontara del barcucho destartalado y pusiera sus dos pies en la madera quejosa del atracadero triste y le sonriera esa sonrisa salada y morena para iniciar el ritual de la entrega de sus regalos inventados, sus joyas de fantasía, esos disparates de joven enamorado con exceso de letras bien y mal encaminadas. Sonreía pensando en el collar de brillo de rayo de luna a media noche con cuentas de agua de mar, que le había prometido traerle. Y luego perderse en la marejada de sexo con amor y días de altamar que era la mejor manera para reconocerse. Cuerpos, jadeos, sudor, corrientes y trasmallos, mordisquitos, sedales, algo como olor a gasolina, y esos labios…

Afuera, en el mundo, Flavio afinaba el acordeón y su padre rasgaba una tentativa de canción en la guitarra. Hoy le tenían serenata a la hija mayor de Eustaquio, se casa mañana con un buen muchacho de Puntarenas. Ambos llegarían tarde y necesariamente borrachos. Ni ella ni su madre irían, es cosa de hombres. No importa, ella estará donde Boris y habrán menos clientes, mejor, le podrá explicar con mayor soltura el temor que siempre le han dado esos pequeños abandonos de una semana o un poco más de su pescador.

Salió del cuarto empapada en sudor y al borde del desmayo. Saludó a su padre con un beso al tiempo que le robaba un cigarrillo de la caja que descansaba en el apoyabrazos de la silla de mimbre donde el viejo lobo de mar acompañaba a su hijo mientras hilaban un viejo bolero llorón y que estaba de moda para las serenatas. Lobo de mar que nunca se había embarcado. La mayor ironía de su padre era ésa, que se viera curtido por el sol y las olas por el simple hecho de vivir demasiado tiempo viendo al océano. Le preguntó qué haría en la noche y a ella le extrañó que le preguntara, pensó sorprendida que tal vez la invitaría a acompañarlos. Iba a responder que en otra ocasión con mucho gusto… ¿No te vas a meter donde ese ruso borracho? ¿Verdad?, su padre hizo una mueca de disgusto. No, ¿por qué? Miró hacia Flavio, siguiendo la vista de su padre. Para que nos dejés la puerta de atrás abierta, porque vamos a llegar tarde. Ella soltó una última bocanada de humo antes de robarle otro cigarrillo y se fue a acostar en la hamaca que estaba allá sola y mustia bajo los árboles de mango.

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NOTA. La acción no transcurre en Dominical. Pero sí me lo imagino que sucede en el Pacífico Sur. Imagen tomada de acá.

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6 comentarios en “Candelas para Saray [Parte III]

  1. “… y pusiera sus dos pies en la madera quejosa del atracadero triste y le sonriera esa sonrisa salada y morena para iniciar el ritual de la entrega de sus regalos inventados, sus joyas de fantasía …” Junto a los espectaculares esqueletos de los erizos de mar. Hay muchas otras más pero por escribir una.

    Son 45 en un mes mis años. Imagina muchos naufragios a mis espalda pero leyendo esta historia he comprendido a ese “lobo de mar nunca embarcado”.

    Merece la pena llegar sin sombrilla ni para sol ni para tormentas hasta “acá” pues cualquier inclemencia a la que sobreponerse compensa sobremanera. Me gustan las playas lo más recónditas o agrestes posibles. Un 10 Buitre. Buen Domingo.

    see you … en cuanto publiques.

    • Supongo que ya habrás llegado por estos rumbos… ¡Bienvenida! ¿En dónde te quedás?

      Hay muchas playas muy bonitas y que pocas veces hay gente en ellas, nada más tenés que llegar a alguna playa habitada y ahí preguntarle a los locales.

      Las del pacífico sur, en su mayoría son así, donde no hay gran cosa, apenas lugares para acampar, salvo en los pueblos -que no son muy grandes ni tienen mucha población-. Hay algunas en Guanacaste, también -el problema con Guanacaste es que está lleno de hoteles rimbombantes y es, términos que vos podrías comprender -creo- Guirilandia… con todo lo no agradable que pueda ser un guiri, según me explicó una amiga barcelonesa hace algún tiempo. Va a llegar el momento en que a los ticos nos van a pedir pasaporte para entrar a Guanacaste- Y la zona caribe es preciosa, Tortugero, Colorado en el norte y en el sur Cahuita, Puerto Viejo, Gandoca, Manzanillo. En el centro está Limón y otras zonas que no son tan bonitas -el problema con la zona Caribe es que no es tan segura, especialmente el centro. Pero lo que es el Caribe es como la belleza, pero en chiquitito-.

      Y si llueve, es delicioso sentir el agua de mar calientita al mismo tiempo que el agua de lluvia fría. -pero ojo con algún rayo 😛

      Disfrutá un montón, pasála muy bien por acá

  2. Choli eso es Ballena, es la cola de la ballena… Y me gusta mucho esta historia, aunque yo si me ubicaba más como en el puerto de puntarenas… pero podria ser puerto cortés o golfito también je

    • Muchacha esta… eso se dice por mésenyer o por care’libro no por aquí

      😛

      -qué bruto que soy… jejeje-

      Yo siempre me lo imaginé del centro o del sur. Y ahora que lo releo, prefiero que sea del pacífico sur

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