Candelas para Saray [Parte V]

Porque tampoco es dejar el cuento a medio palo, por más rabia que haya…

Era media noche, pero aún no tenía sueño. Caminaba despacio sin tener realmente ganas de volver, pero no pudo soportar estar allí junto a Boris y una silla vacía. No quería sentirse triste, pero lo estaba. Además el miedo había comenzado a arañarle la espalda. El Ruso le había dicho que no se preocupara, que eso a veces sucedía. Que con toda seguridad para el fin de la semana ya estaría con ella. No era la primera vez que le sucedía, en otro momento se había tardado dos domingos en volver. El Jámes le contó orgulloso que una ocasión él y sus compañeros habían estado casi un mes varados en La Mar, como le decía, ya la gente los daba por muertos y las noticias de los diarios apenas eran pequeños resúmenes de infructuosas búsquedas cuando lograron regresar, porque los recogió un barco chino o taiwanés… da lo mismo, ¿no? Le había prometido que si volvía mañana le mostraría los recortes del periódico. Eso lejos de tranquilizarla la aterrorizó. No podía imaginar la desesperación, la impotencia, la claustrofobia a la deriva… Lo amaría como nunca apenas lo viera poner un pie en la arena de la bahía. Además estaba el asunto de otra despedida. En dos semanas empezaban las clases en la universidad. No sería ella la que se quedaría con el corazón en vigía constante, ignorando naranjas y violetas atardecer, ignorando oscuridad noche y botes que no eran el de su pescador, confundiendo el orden del horizonte ¿nubes arriadas por el viento pastor o espuma, simplemente? Sería de él la espera, pero de espaldas al mar tratando de arrancarle a la cordillera algún aviso de su vuelta, cada aurora una esperanza y un desengaño. Se abrazó, hacía frío y desaliento, caminaba. Quería tenerlo cerca, abrazarlo, contarle todos los poros de su piel de sol, naufragar tres veces mil entre su lengua y paladar, disfrutar para siempre del último regalo de nada que le había prometido. Lo traería escondido entre sus dos manos callosas por el sedal y el trasmallo y que ella debía describir cómo es, cómo se siente, qué tan pesado, y colores, por supuesto. Si él quedaba conforme, le mostraba sus palmas en silencio, para que ella entrara dócil en el hueco preparado para el abrazo; postergado desde el momento en que ambos se reencontraban, ella en la seguridad de la arena, él con los pies firmes sobre las carcomidas maderas del destartalado fondeadero, aún sobre la porción final de mar de ese viaje. Llegó a su casa, pero no quiso entrar. Ella no podía irse sin verlo por última vez antes que la distancia de kilómetros y meses terminara alejándolos de verdad. Tenía que estar presente cuando él viera de nuevo esta playa por última vez antes de perder la principal ancla que lo tironeaba realmente para que volviera. Tenía miedo, pavor, que él hubiese decidido no volver, encallar definitivamente en una playa ajena. Montar un barsucho triste y oloroso a borrachos y a pescado rancio, cerca del mar pero mirando perenne a tierra adentro. Engatusar a cualquier desprevenido con sus cuentos y atarlo así, con la narración metódica de su vida, para evitar el irremediable naufragio del olvido. Pero sus compañeros tenían que volver con la nueva y aún no lo habían hecho.

No se podía quitar el terror de las palabras de despedida de esa noche de un sombrío Boris, un poco ebrio, un poco preocupado; una vez que la noticia deje de aparecer en los diarios, ya no te lastimés más con esperanzas. Envuelta en la hamaca bajo los palos de mango, tratando de comprender los designios incomprensibles de las estrellas se propuso no llorar mientras esperaba que la aurora entrara a la casa, de puntillas.

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Imagen con fines ilustrativos y no tiene relación alguna con el texto. Tomada de acá.

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8 comentarios en “Candelas para Saray [Parte V]

  1. “encallar definitivamente en una playa ajena … ”

    “se propuso no llorar mientras esperaba que la aurora entrara a la casa, de puntillas …”

    see you … esperando respuesta al acertijo

  2. Qué canción tan tuanis. Yo sé que la he escuchado antes, pero no recuerdo de dónde.

    Y Dulce Pontes canta precioso, yo la había conocido gracias al disco “O primeiro canto”, hace un tiempo y se me ha olvidado buscar más información de ella.

    Tengo una debilidad por la música portuguesa [sea de portugués-portugués o portugués-brasileño] y con esta entrada me han regalado dos bien buenas.

    Pasáte por donde Charradetas, ahí está ya la respuesta 😉

  3. acabo de hacerlo … los ticos nos han goleado a los maños por toda la escuadra !!! … nos pusimos exóticos pensando en cocos o moluscos [no imaginas todo lo que pasó por mi hueca cabeza] para que nos salga usted con ¡la tortilla! … buenísimo como siempre … pura vida

    PD: viste que le copié con todo descaro la idea a Meli sin darle las gracias por el precioso tema de Mariza [gracias Meli] ; olvidé decirte que estuve escuchando en el lindo himno nacional de Costa Rica

    • Jajaja al final pensé que estaba jugando sucio, porque la tortilla no es algo muy común por tus tierras.

      Pues no me molesta para nada que le hayás copiado la idea a Meli. Ey buena nota, jeje no pensé que hubiera despertado tanto interés.

      Ciudáte -sí, nosotros lo usamos en el mismo sentido-

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