Candelas para Saray [Parte XI y final]

Es un recuerdo viejo, y su hermano fingió escuchar. Vos estabas jugando con Yerlin y yo estaba comiendo un helado sobre el subibaja. Flavio distraído con un mango en la mano, ¿con quién? Con la hija de tía Ofelia. Ah, la que se le murió… Ella tardó en responder, tratando de recordar por qué estaba hablando de eso con su hermano. Mjm… vos estabas jugando con ella y yo en el subibaja. Tenía, creo, unos siete años… Él le puso sal al mango …y ese día no sé cómo pero me di cuenta que del mar vendría mi destino.

Flavio se limpió las manos con una servilleta, hizo una mueca que no decía nada, desde güila ya estabas loca. Se volvió al fregadero a botar la semilla de mango a través de la ventana que daba al patio mientras se lavaba las manos. Vos sí que sos un idiota, él se rió para terminar de enojarla. El resoplido de ella casi apaga la vela con olor a sándalo, regalo exótico de Lawrence a su madre, es traído desde la India y que a Saray se le había ocurrido encender, calmando una necesidad rara de ver fuego. Él salió de la cocina pero recordó que no había nadie, sus padres habían salido para el matrimonio de la hija de Eustaquio. Se devolvió hacia donde su hermana se mordía nerviosa la uña del dedo anular, sin verla se enjuagó la boca en el fregadero, espió a través de la ventana que daba al patio, esperando que el mundo hubiera cambiado totalmente desde que arrojó la semilla. Todo seguía igual.

Jamás me hubiera imaginado que Tadeo… y vos, le costaba hablar de eso. Ella lo vio como recién salida de un trance ¿Mmm? Flavio estaba de espaldas, manoseando algo. ¿Querés café? Sí. Puso el agua a hervir, masticando lentamente lo que le había dicho. ¿Podés apagar esa carajada? Ya me tiene mareado. Ella siguió como si no lo hubiera oído, contando las campanadas del relojillo imitación mala de cucú. Son las cuatro, ¿a qué horas vendrán papá y mami? Flavio se encogió de hombros, estaba viendo la hoja del periódico que su hermana había dejado abierto sobre el microondas. Vio que la noticia, antes grandes notas, era ya un pequeñísimo resumen de búsquedas infructuosas relegado en la olvidada columna de Otras noticias nacionales. Él también tenía una breve concepción de lo que eso podía significar. Meneó la cabeza, le había parecido oír un avemaría mal recordado. No dijo nada hasta que le alargó a ella su taza, cuidado te quemás, está caliente. Ella lo recibió con los ojos húmedos y otro cigarrillo más que le manchaba sus dedos y que desbordaría irremediablemente el cenicero, es increíble, jamás pensé que este lugar de mierda tuviera algo que me hiciera feliz. Flavio trató de sonreír, alargó su mano para tratar de hacerle cariño en el pelo pero en lugar de eso tomó la azucarera en silencio, el hijueputa café me quedó horrible, como siempre.

.

Flavio estaba sentado en la mesa de la cocina luego de merodear en el cuarto de su hermana, asombrado de ver tantos esqueletos de erizos de mar, de que ella tuviera un baúl abierto sin nada adentro salvo un rectángulo de papel donde ponía “tesoros”, sorprendidísimo aún más de hallar la imagen de un santo negro de humo de candelas y a sus pies, varios trozos informes de candelas muertas, con razón ya no quedaba ninguna en la casa. Y eso que después de hacer la primera comunión ella nunca había vuelto a poner un pie en una iglesia. Había entrado furtivo para buscar fósforos con qué encender la moderna cocina de gas que encendía automáticamente pero que tenía ese mecanismo dañado desde ayer. Ya su madre le había dicho que entre las cosas de su padre no había ninguno y la otra persona de la casa que hacía uso frecuente de ellos era Saray. Los encontró junto a la imagen, encendió la cocina y los volvió a poner en el lugar donde estaban, seguro de profanar algo íntimo y muy sagrado.

Por fin su madre cocinaba la cena, pero Flavio no la veía. Lawrence estaba sentado a su lado, hacía poco había llegado trayendo los periódicos de hace cuatro días hasta hoy. Se los dio para que los leyera con una sonrisa extraña. En ese pueblo ni siquiera llegaba el diario, había que ir a comprarlo a otro lugar a una hora de camino y la única señal de televisión nacional que entraba era de un canal que no tenía noticiero o algunos de cable, de todas formas sólo donde don Tele o donde los gringos había televisores. Por eso podían pasar semanas sin que nadie se enterara de lo que pasaba allá afuera. Alguien había bromeado que podía haber llegado el fin del mundo y ellos todavía no se habrían enterado. Ni su padre ni Saray habían llegado del piñal.

-So… -dijo Lawrence- What do you think?

Gringo de mierda, si no fuera por el Gringo ahora mismo lo sacaba a patadas de su casa. Como a todo el pueblo, nunca le había caído bien, pero por razones distintas. Era tan petulante, ganándose la confianza de mis tatas con regalitos para ver si así lograba facilitar las cosas para un polvo con Saray. Terminó de leer el último periódico, distrayéndose apenas con los resultados del fútbol, fingiendo leerlos. Se levantó para aferrarse a un vaso con agua para apaciguar su garganta seca de pronto y darse un instante para pensar qué hacer. Llegó su padre con su hermana.

-¡Periódicos!- apenas articuló Saray, sin voz, a lo que Lawrence asintió paternal y socarrón.

-¡Aún no los he leído…!- se apresuró Flavio a gritar de pronto, asustando a su madre y de paso ganándose una mirada dura de los ojos reptiles de don Tele.

-That’s not true- Lawrence susurró enfrentando con su mirada glacial al joven.

Saray se sentó, y buscó ávida y minuciosa. Una, dos, tres veces. Se levantó muda y se encontró a don Tele de camino, alargó la mano robándole el cigarrillo sin encender que traía en sus labios y corrió para su cuarto.

-Ya no había ninguna desde hace tres días- Flavio musitó con una mueca de supremo odio dirigida a Lawrence que lo eludió como a una mosca.

.

Enfrente de su San Cristóbal abrió la cajetilla nueva, alguien me robó un fósforo. Ni siquiera tendría eso. Se resignó, quería llorar hasta secarse por dentro pero le dio fuego al último cabito de candela y apagó el fósforo. Cuando volvió el Jámes por lo menos aún había resúmenes de búsqueda.

-No lo volveré a hacer, lo prometo. Esta será mi venganza.- encendió el cigarrillo huérfano con la flama recién nacida.

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San Pedro de Montes de Oca

14 de Febrero, 2006

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14 comentarios en “Candelas para Saray [Parte XI y final]

    • Hay que bretearlo, lo saqué del olvido intacto. Por alguna razón le tengo mucho cariño a este cuento, pero está casi tal cual lo escribí en papel.

      Pero fijo, fijo, fijo algún día va a estar impreso

  1. Tras la espera llegó el final. Sinceramente al principio me perdí un poco, los cuentos por entregas no son lo mio, pero luego me he enganchado al texto. Tiene momentos brillantes y algunos no tanto, pura vida.
    Pero en general puedo decir que es un muy buen relato.
    Lo único es que lo situaba más atrás en el tiempo.
    Salut
    Seguramente si lo presentaras a algún concurso tendría posibilidades.

    • Sí, yo también me perdí un poco al principio al “postearlo” jejeje. y es que como es tan largo y no es lineal, ayuda a perder al lector. No lo vuelvo a hacer.

      Decíme, Micro, cuáles fueron esos momentos que no te gustaron, para arreglarlos, cambiarlos o pasarles tijera de una -si son insalvables-. Yo sé que está crudo, porque apenas si lo trabajé desde la primera escritura. Por eso me ayudaría mucho saber tus comentarios. Decílos con toda la confianza.

      La cuestión con este cuento, es que fue de transición -me parece a mí- de cómo escribía antes a como escribo ahora. Traté de cambiar el estilo y la manera de contar las cosas y por eso se siente un poquito trabado. Y para evitar eso, en los últimos años he escrito muchísimo, botado el doble de lo escrito y ni siquiera considerado para ponerlo en los blogs que he tenido, el resto.

      Cuando considere que está listo, seguramente irá a un concurso, buena nota por el ánimo.

  2. Antes que nada yo no soy muy buena crítica ni sé tanto como para dar consejos. Lo único que puedo es guiarme por lo que me gusta y siento. A me he ha gustado mucho cuando hay menos descripción, aunque sea muy poética. Me perdí por la profusión de personajes que desconcierta y no aportan mucho a la historia. Sería más al principio sin embargo la parte final la veo más lograda, sobretodo cuando hablan y se cuentas sus miedos y sus ideas.
    Creía que sacarías más partido de los gringos, me refiero a que su apareción en el bar me pareció un gran momento pero luego no sé, como que no los veo aprovechados.
    Quizás es que cada uno lee una historia pero no siempre tenemos la misma imagen en la cabeza.
    Siento escribir la crítica tan cara al público. Si quieres puedes borrar cuando leas. Quería enviartelo por e-mail pero me pareció una intromisión a tu intimidad.
    Tambien puedes preguntarme lo que quieras. No sé si te sirve de mucho lo que te digo. En fin que me gustó más la parte final.
    Salut

    • Buenísimo, no te preocupés por hacerlo público, gracias más bien.

      Uno de mis “vicios” es que a veces meto muchos personajes que mejor no estuvieran.

      Tenés razón la aparición de los gringos está un poquito forzada, porque parecen fuera de contexto.

      Muchas gracias 😉

  3. Me gustó tanto que estoy completamente de acuerdo en lo de publicarlo. Yo no lo cambiaría- no por darte palmaditas en la espalda, no, nada de eso-es que pienso que si lo retocaras ya no sería el mismo. Estoy segura de que si lo intentaras no te saldría. Tiene momentos tremendamente poéticos y son de esas historias que lees y en las que que quedas simplemente con eso. La poesía de las palabras. Las imágenes que provocan. Eso, sinceramente, se te da muy bien.
    Decididamente, me ha gustado.
    Un abrazote.

    • Ey, muchas gracias.

      Pero vieras que a veces una retocada puede mejorarlo. Quizá no sea el mismo, pero le dé un nuevo y mejor aire, su lectura se disfrute más… o arruinarlo y entonces se merece el cajón de la basura en su forma actual y rehacerlo de cero. Como el ave Fénix, jejeje. A veces ayuda.

  4. Piper tiene razón. Dejalo como está, quien soy yo para decirte lo que debes cambiar. El texto es muy bueno y es tu texto. Yo solo di una opinión, nada más.
    Eso si, sigo pensando que puedes presentarlo a cualquier concurso con posibilidades.
    Siento haber sonado tan pedante. Ya sabes que es porque me gusta mucho como escribes
    Salut

    • No te preocupés. Vos sos una colega escritora y por eso mismo -y aún si no lo fueras- podés darme algunas sugerencias.

      El texto lo escribí, sí, pero eso no quiere decir que no se pueda mejorar.

      ¿Pedante? No, para nada. Es una ayuda, no te disculpés.

      Purísima vida

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