Los heroísmos de Luis Antonio

Ebullición y gemidos de bestia digital. Luego, ruido de abrir y cerrar, al fin un olor a menta recordando el logro de un descansito en medio del trabajo todas las tardes. ¿Soledad? Sí, pero es mejor pensarlo como espera, es lo que se dice para seguir, el apartamento se llenaba de madera crujiendo, tuberías que borboteaban, vecinas que se empeñaban en hacer bulla y limpiar sus espacios de vida, o en cocinar almuerzos que nadie agradecerá. También podría ser verdad que no sienta verdadera compañía, pero no se permite la obsesión de ballena blanca de ese pensamiento. Ha puesto un platito pequeño encima. Su madre diría que hay que dejarlo largar un momento, siempre la espera aunque ésta es chiquita, venial e intrascendente. Después de un rato de silencio destapa y coloca dos cucharadas de miel, siempre ha sido dulcera, aún con las amenazas de la báscula; además deja la bolsita en la taza contraviniendo la costumbre de su madre.

Vuelve al monitor con su cuadro impresionista de pendientes, no importa, hoy será el fin del último informe. El estrés y el mal humor se le enquistaron durante mucho tiempo, más del que ambos hubieran deseado. A ella le dolió más desperdiciar los breves momentos de su compañía, tecleando, pensando, comparando datos y teorías, elaborando, coordinando y vaya a saber dios cuántos más ando. De besitos no se vive, ambos lo saben de sobra con el horror del desempleo de ¿hace cuánto? Medio año. Con el espanto de la renta, la negativa de pedir dinero a sus respectivos padres y un hambre de todos los diablos. Estaría listo a tiempo y mañana la entrega y un mes después el pago y aparta señor de mí los cambios…, sonrisita, su madre se escandalizaría si la oyera.

Fin de la consultoría, una celebración era tentadora, última revisión, y ¡pucha! Me siento sola, abandonada, con la vida transcurriendo allá afuera y yo aquí agarrada por el cuello a esta maldita computadora, estas putas cuentas, ahogada por las pastillas anti horror contra el embarazo que no podemos costear, al miedo a que se vaya con alguna otra menos neurótica y tal vez más histérica, esta soledad, esta soledad…

.

-Guapa, ¿cómo estuvo el día?- dijo, con su cansancio de las siete de la noche entre semana, apaciguante y hermoso. No lo escuchó abrir la puerta.

.

Imagen tomada de acá.

Anuncios

6 comentarios en “Los heroísmos de Luis Antonio

    • Imagináte, que aquí ni siquiera tenemos metro. Y hasta hace dos años reactivaron el tren…

      Imagino yo que esto es algo que todos lo hemos sentido -de una u otra forma-

      Pura vida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s