Ambos, a través del espejo

Siente envidia de ésa, que la mira fijamente. Vestido azul oscuro de una pieza, con cuadros en distintos tonos de celeste, en el borde de la falda que la acaricia hasta las rodillas. Talle alto que encubre su metro con cincuenta y siete, zapatillas de tacón mediano cómodas y elegantes. Tiene envidia, se ve hermosa con esos aretes plateados y grandes: un par de soles que no deslumbran gracias a un maquillaje suave sobre su piel clara que ya de por sí brilla con vida propia. Decide que esa imagen no es la mujer que ella es y que desea ser para ese momento. Se desnuda excepto por la braga mínima de color azul marino y decide colocarse el sostén que combina, dejando de lado la audacia de presentarse así. Una blusa amarilla clara y una falda larga y azul. Jeans y camisa de tirantes de un color indeterminado pero sabrosamente sport, tal vez demasiado. Blusa verde suavecito con un diseño alegre y desenfadado, jeans. Tal vez el problema sean los jeans. Desnuda de nuevo. Blusa morada y pantalón negro, tal vez, pero esa no soy yo… bueno sí, pero me veo gorda, así me veo gorda. Busca confirmación en la esquina superior derecha donde se supone que estaba, el muy cobarde ha huído.

Desnuda ¿y si me voy así? Se imaginó la escena, las miradas extrañadas, lujuriosas, tal vez incómodas de ellos y el escándalo, el odio a muerte de ellas, descarada-quién-se-creé.

La ve indecisa frente al espejo grandote del cuarto que ella se empeña en gastar y que a él le causa desasosiego en las noches. A veces se despierta y al levantarse una sombra lo sobresalta, ahora sí, bien despierto se descubre a sí mismo con una mueca de miedo, maldito espejo. Tiene tiempo de sobra y una rara necesidad de observarse. En el baño se inspecciona a fondo, las ojeras y las arruguitas, el rostro más delgado que en aquel tiempo, el genio destrozado a punta de deslomarse a muerte en la lucha de llegar a fin de mes. Luego llegó ella, no se arrepiente es cierto, pero sus intermitencias laborales… la de ambos… Sigue descubriéndose, sin saber qué tanto él es la imagen o que tanto imagen es él. Tal vez lo mejor sería rasurarse. Se embadurna de espuma. Luego se lava, opta por quedarse como está, no se emociona por aparentar lo que no es, menos lo que ellos puedan pensar.

Decide el vestido negro sensual, aretes discretos pero arrobadores, labios rojo sexoso. Da los últimos retoques cuando él reaparece, se ve peor de como lo había visto antes. Ella elegante, de seguro iba a resaltar, tal vez hasta hacer desaparecer al desgarbado de Luis, si tan solo dejara aplancharle la camisa. Mejor así, que me vean, que sepan lo que tiene a la par y les dé envidia. Como las anteriores, esa no es la mujer que es ella, no se le acerca en lo más mínimo. No se preocupa por cuestionarse si quiere que la piensen así, probablemente no los vuelva a ver.

-Tiene tres horas de alistarse- Aburrido más que impaciente.

-Ya terminé- Seductora y angelical.

-Mierda, Margarita, eso fue lo primero que se puso…- Recoge la chaqueta, que no le combina, y abre la puerta acariciándose las mejillas. Lo seguirá haciendo toda la noche.

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10 comentarios en “Ambos, a través del espejo

  1. En este momento me has pillado pensando qué ponerme para venir a verte. Al final decidí colocarme un vestido negro. No por parecer discreta. No. Quería parecerme a LA MÁS GUAPA DE TODAS. Esa que tienes al lado derecho de tu sitio y que me parece, como a ti, la más guapa entre las guapas. Como mi belleza no se asemejaría ni a diez mil kilómetros de maquillaje, vengo con mi mejor vestido a decirte que me encantó el retrato tan veraz, que haces sobre nosotras. Me llamo la atención “…labios rojos, sexoso ¿Es una licencia tuya?
    Fiel, como la vida misma.
    Abrzotes!

    • ¡Qué honor! Muchas gracias, por mi parte yo sí me rasuraré, para estar bien presentado.

      Vos sos guapa, todas las mujeres lo son -aunque el espejo y algún desgraciado les diga lo contrario- No importa que no te parezcás a Audrey.

      Lo de rojo sexoso… mirá, no estoy seguro si en algún momento lo escuché en alguna conversación o fui yo el que lo dijo en alguna conversación… Para no cometer injusticias dejémoslo en el misterio.

      ¡Pura vida!

  2. Oh choli que mae más cabron ese hijueputa… Me recuerda a algunos hombres que hay por doquier mae y me da como cólera… Por lo demás me encantó el post.

    • Sí, los hay cabrones, mucho. Pero tal vez el mae tenía un mal día, y usté sabe, Meli, a veces cuando estamos de malas podemos ser -hombres y mujeres- bastante hijueputas, sin quererlo o hasta queriendo.

      O tal vez sí sea un infeliz… Te lo dejo a vos decidir 😉

    • ¿Verdad que sí? Esa me la encontré dando vueltas por la “interné”. No hay gran historia detrás.

      Le recomiendo ¡por mucho! que se meta de donde saqué las imágenes de “La paciencia de Margarita” y “Los heroísmos de Luis Antonio” tomadas de un fotógrafo francés y un diseñador tico. Geniales ambos.

  3. La mente femenina y sus misterios. El espejo no siempre es un aliado. A veces es un enemigo que te devuelve una imagen desconocida. Pero bajo la ropa lo importante es que sepas quién hay.
    Salut
    Esto me hizo recordar una película en la que la protagonista tenia que llevar la ropa interior bordada. Por qué si nadie lo sabrá preguntó. Pero tu sí, contestó el director.

    • Cierto, el espejo a veces es un chismoso bastante indiscreto y cruel.

      Bajo la ropa y tamibén bajo la carne… Desafortunadamente la ropa pesa más, junto con los juguetitos tecnológicos y las mentiras del estatus -que nos saca la lengua justo cuando no lo vemos-

      ¡Pura vida!

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