Sobre ella

Cartografía la vida con un ojo de mar y otro tinta de café. Se alisa el cabello a veces fina garúa negra, a veces castaña en las ocasiones que serpentean sus rizos de montaña rusa, y en algunos casi nunca es rubia que finge ser idiota. Se alisa el cabello con sus manos rapaces, tan suaves, tan macabras, tan de ella.

Siempre se sienta a mi lado a soltarse un botón, ese justo, ese especial, ese que invita con interés a mirar sus senos y de los que nunca me canso de espiar. Lo sabe bien. Ella, como yo, prefiere vestir con botones. Quizá aprendió eso de mí, quizá yo aprendí eso de ella. Y me roba sorbos de café cuando se sienta a mi lado y se suelta ese botón. Rifa cada una de sus caricias; se yergue magnífica desde su inusitada altura para estas tierras, aunque a veces parece más baja. Una ilusión óptica es mi solución al absurdo de sus estira y encoje y a los que me cuelgo con especial atención luego de señales iniciales y afirmativas de hoy sí, dejá todo eso y vámonos a la cama.

Si está triste nunca llega. Cuando se siente maligna se afana en lucir su copa C. Puntual para susurrar te quieros traicioneros, prometer que hoy sí me comerá vivo si peregrino por el Camino de Santiago de su espalda.

Se muestra unos días morena, tapa de dulce, otros blanquísima, amanecer de sábado los días sin lluvia

Sabe cruzar las piernas de forma tal que sus medias negro porvenir sisean igual que la primavera de Bach. A veces se coloca en la comisura izquierda un cigarrillo de tabaco malo cuyo olor a desolación me hace inventar que perdí el encendedor. Se sonríe con cierto rigor académico, cierta burla amorosa algo fingida, algo real. Me dice que no me preocupe, con su acento del norte.

Me escribe notitas carnívoras de que sin mí se moriría, asegurando que mi último poema es en su honor, está segura. Y que la he convencido; que sí, que me ama como nunca antes ha amado a un escribidor como yo y nunca amará a otro igual. Las primeras veces caí en esas trampas caza-bobos y ella terminaba riéndose con alegría genuina. En estos días ya no tengo que convencerme que le dijo lo mismo a alguien más en otro ayer, y seguirá torturando con eso a algún desprevenido una vez que se aburra o se vaya o simplemente no vuelva.

Con todo sí la quiero, y no es por razones profesionales porque es cierto, ella me descubre formas nuevas para jugar con palabras. Le digo reina, le doy un espacio en mis afectos tan venidos a menos, la dejo disfrutar de mis desperfectos de mal amor y burlarse sin pena de estos desengaños en los que me empeño en creer.

Con todo, ella sabe que llegará el día que la reemplace con alguien que me quiera como ella, con un poquito más de verdad. Con besos que no sean meros trámites bancarios. Con caricias de algo parecido al amor y no el impulso par ir a masacrarme contra un cuento que no se deja domar. Con todo, esoty seguro que me quiere.

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[hace que me va a decir algo, cierra un ojo y me toma la mano con su silencio de descalabro económico]

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Imagen tomada de acá.

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