¿Quién causa tanta alegría…?

 

¿Qué hacer con lo que se sueña? ¿Los deseos? ¿Qué hacer? Correr tras ellos, luchar por ellos. Luchar, ésa es la clave. Por eso no es irónico que Francisco Jarquín se fuera. Lo dejara todo y se convirtiera en el Comandante Paco. Y después, que buscara desesperadamente convertirse en el Rey del cha-cha-chá, dejando todo.

Desarraigos, esta película también es de desarraigos.

¿Se imaginan? ¿Haber ganado La Revolución? Haber participado en traerse abajo a la tiranía familiar de los Somoza, conseguir el anhelo de Sandino. Lograr el sueño de toda la izquierda latinoamericana de aquellos años y deponer una de las múltiples dictaduras que crecían y se alimentaban de ese rosario de encuentros y desencuentros, de glorias abyectas, de humildades gloriosas que se extienden al sur del Río Grande. Años de pólvora, sangre, barriales, muertos con sus intestinos al suelo, horrores, ideales, esperanzas, ¡carajo las esperanzas!, hermandad, bravía y sonrisas. Para dejarlo todo, todo, todito. Hacerse nadie, salirse, convertirse en un desconocido, dejar la tierra, los compañeros, una esposa y los años de esa maldita guerra -que por más fanfarrias y luces brillantes, conmemoraciones y condecoraciones, desfiles, honores y distinciones, todas son malditas. Todas deben ser recordadas en silencio y con la promesa constante de jamás recurrir a ellas de nuevo. Un ejército es el símbolo constante de nuestro fracaso como humanidad-.

¿Es Francisco Jarquín un soñador? ¿Es el Comandante Paco un traidor? Máxime si se tienen en cuenta los graves conflictos entre Costa Rica y la Nicaragua sandinista, ésa que el Comandante ayudó a forjar. Y prefirió el olvido aquí, corriendo loco tras la locura de ser el mejor bailarín de cha-cha-chá, un maestro de baile y dueño del mejor salón de San José. Y tal vez de Tiquicia y, ¿por qué no? Del mundo. ¿Qué es, quién es Francisco Jarquín / el Comandante Paco?

Pudo quedarse y hacerse rico con La Piñata. Anquilosarse, tal vez, en algún puesto político, o dirigir negocios, ¿quién sabe? Pero se fue sin gloria al sur a buscar otros honores, a derrotar su dictadura personal, a esta Costa Rica que odia tanto a Nicaragua, a su gente. Pudo quedarse, pero no lo hizo.

Una cosa es cierta. No es un héroe. Podrás ser una figura, digamos que romántica. Pero tampoco. Es un ser humano que buscó jugársela y…

Nena vuelve. Y regresa derrotada, a un lugar que no quiere a un país que no es el suyo, que ya no lo es. Ella que se fue buscando liberarse y liberar a un pueblo que no era el suyo. Se fue por Paco y regresa por él. Que para todos está muerto. Punto. Ella que viene a reencontrarse con un pasado del que no está orgullosa. Ella también huyó. Ella que sigue creyendo que está muerto.

Huir, esta película también es de huídas.

Huídas y sueños, fracasos rotundos, espectaculares y anónimos. De eso trata El último comandante. El primero y más hondo de todos y que conocemos antes incluso de pagar la entrada al cine es el de la propia Revolución Sandinista. Punto de partida y que flota siempre sobre la historia y de la que yo espectador no logré visualizar a fondo sino hasta que se encendieron las luces y se abrió la puerta de salida.

La fotografía es algo avejentada, detenida en el tiempo, casi. Los ochentas para siempre. Y es entonces que es posible creer que las tomas reales de la guerra real se envuelvan con las de la trama y es posible creer que sí pasó, que hubo y hay un Comandante Paco, un Francisco Jarquín que quiso vencer al mundo con sus pasos de baile. Que realmente uno de los Doce Comandantes cometió esa insensatez trágica y valiente que arranca una sonrisa con solo imaginárselo.

En tanto que todos van y vienen, Morita espera que se acuerden de él. Morita, es que a primera vista parece ser el más loco de todos y es el único que se mantiene lúcido porque es el único que no cambió, que a pesar de todo sigue creyendo, sigue aguardando, que sigue con su actitud desesperada de perro apaleado que se reconozca su esfuerzo y le hagan la única justicia que desea, ponerlo en activo, reanudar la lucha. Sin duda, el personaje más hermoso de esa colección de ideales perdidos. Morita, el único que no pierde la fe, a pesar de que nunca volverán los años de Nicaragua, nicaragüita, la flor más linda de mi querer… Es un Quijote, sin el consuelo de un Sancho que le haga menos terribles las luchas contra los gigantes. Y el olvido, y la misera de la derrota. Él, que también huye, pero de la realidad.

Y está Marvin Rosa, negra y hermosa, monumental recuerdo de esas jazzistas de leyenda de los cuarenta y cincuenta, que se destrozaron la vida con alcohol y con hombres. Aparece tan poco ¡y la quería ver tanto! Ella que huyó tamibén, buscando glorias, con promesas, con Paco. Ella, grande. Al igual que Morita se merecen una película para ellos solos.

Y el propio San José. El que nunca sale en las estampas para turistas. Ese San José sucio y derrotado por unas condiciones de vida que se degradan, por un progreso económico que no vemos, por el tiempo, sí, el paso del tiempo. Que se desmorona a pedacitos, a pesar de la toma de la construcción, al puro principio. Que se torna paraíso de franquicias y se vende a poquitos con la falsa promesa del desarrollo que trae todo lo que es extranjero. Tal como el resto del país. Pero que aún mantiene una belleza oscura en su patetismo, en su decadencia, ese San José que a nosotros los que pretendemos considerarnos clase media, apenas conocemos, ése de los indigentes y la noche, también, y que le huímos horrorizados.

Decadencia y sueños muertos, esta película es también acerca de la esperanza y la desesperanza.

Hay tomas preciosas, como la de la preparación de Francisco antes entrar al bar o la de la casa de Morita. Y Alfredo Catania en el papel de Morita o Thelma Darkings en el de Marvin Rosa me parecen espectaculares. Anabelle Ulloa [Nena] y Eugenia Chaverri [olvidé el nombre, la hermana de Nena, pues] al punto. Damián Alcázar [Francisco Jarquín / Comandante Paco] cumple muy bien en el papel. Logra transcribir el orgullo y la personalidad de ese hombre por el que tantas mujeres suspiraron y tantos hombres admiraron. Ese personaje que fue un huracán de tantas vidas y cómo se encuentra disminuido por las cincunstancias. A mi juicio, tal vez faltó explotar en guión aún más ese desastre natural que fue Paco Jarquín.

La tensión entre Nena y su hermana y la historia de la búsqueda de ella siento que daba para otra película, y que en esta, si bien ayuda a dar inico a la trama, se diluye a poquitos y termina siendo un poquito accesoria, tan es así, que la cinta logró atraparme sin posibilidad ni deseo de escape justo cuando aparece Paco preparándose para entrar al salón. A partir de allí la historia toma vuelo propio. Y quien me acompañaba dijo lo mismo. Hubo, además, algunos momentos de silencios que me parecieron que estaban de más. Pero, a decir verdad me pareció una muy buena película. Merecedora en serio del premio al mejor guión en el Festival de cine latinoamericano de Trieste y el que Alcázar y Catania compartieron por  mejor actor en el Festival Iberoamericano de Ceará.

Un punto importante es que la película no dedica tiempo a posicionarse desde una u otra ideología, con algún discurso panfletario. No le interesa una gran lectura política de los hechos, si la Revolución fue buena o mala, no importa. Deja esa decisión en manos del espectador. Si la izquierda, si la derecha, no importa. Es la vida y los sueños lo que valen, el esfuerzo, la necesidad de luchar y de saber hacer lo correcto, buscar cierta redención consigo mismo… si acaso es posible. Me pareció genial, realmente genial la escena última, la interrogante y la respuesta. Y lo que eso significa más allá de la trama de la película… Pero no se las voy a decir, vayan, véanla.

Lo único que no me gustó fue la poca cantidad de público. ¡Carajo! Con lo que cuesta hacer una cinta y la maravilla de este segundo aire del cine tico, debería traer más gente. Más gente debería verla. Más gente tiene que verla.

Linda y buena película. Recomendadísima. Véanla y si ya lo hicieron, háganlo de nuevo. Apoye a estos locos que se atreven a hacer cine tico, historias nuestras contadas por nosotros, para nosotros y no bajo estereotipos acartonados y miopes de lo que es ser Latinoamericano [y mucho peor cuando se trata sobre lo Centroamericano]. Es tiempo para conocernos y reconocernos. Ver cine nacional, es también hacer patria.

¡…la Concepción de María!

PD:

Ella: Yo me quiero robar ese poster, ¡está muy bueno!

Yo: ¡Yo también! Me encanta

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8 comentarios en “¿Quién causa tanta alegría…?

  1. Hermoso comentario, me gustó mucho. Yo tuve el placer de ver esta pelí antes de que saliera en cines, mucho antes, y pienso igual que vos. Hay que crear nuestra propia identidad en el celuloide, desde diferentes apuestas, géneros, ideas, sueños, pasiones… Esta es una grandiosa película.

    • Muchas gracias.

      Es necesario que los costarricenses reaprendamos a vernos a nosotros mismos. A ver si así dejamos de mirar tanto hacia afuera, a valorar tanto lo que hay allá afuera sin prestarle atención a lo que se hace aquí dentro.

      Es una grandiosa película [siempre es bueno repetirlo].

  2. Qué lástima, probablemente aquí no llegue apartada por una montaña de vociferentes bodrios yanquis. A lo mejor en algún festival o en alguna TV de las que emiten películas interesantes podamos acceder a ella.
    Si es el caso podré decir que leí una espelndida la crítica cuando se estrenó.
    Salut

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