Voy de camino

Iba por la autopista, viernes al final del día y es un continuo de automóviles que se empeñan en avanzar, lo que es un esfuerzo inútil, la vía está reventada de vehículos con paso de procesión. Revisa el reloj, dijo que se atrasaría, pero calculó mal cuánto, llegará lo suficientemente tarde para ser considerado una descortesía incluso en los estándares normales de impuntualidad nacional. Maneja de mal humor, qué desgracia, tiene ese antipatriótico sentido de llegar a la hora convenida y le disgusta hacer esperar a la gente, casi tanto como lo encoleriza esperar. Debe ser alguna tara de la que no se ha estudiado. Llama, se excusa en el tráfico y promete estar ahí en una hora. Cuando cuelga sabe que se ha vuelto a equivocar en sus cálculos.

Enciende la radio, un blues viejo le hace cambiar la estación, no está para escuchar melancolías y recurre a una emisora de música tropical. Jerry Rivera le alegra un pco, al menos ya no frunce el ceño. Tamborilea sobre el volante descargando su ansiedad y ¡qué diablos! Canta el estribillo con fuerza mandando al carajo la vergüenza mientras implora que la siguiente canción también le agrade.

Entrando al Paseo Colón la cosa se pone peor, lleva diez minutos sin avanzar y maldice la estupidez de haber pasado a su casa a cambiarse. Mejor se hubiera quedado en la oficina terminando el proyecto hasta que tuviera que irse… Pero eso de extrear sin pago, tampoco lo motivaba gran cosa. Está bien, está bien, no lo hizo y ahora está pegado en esta puta presa de mierda. Al fin logra llegar al Centro Colón y un pequeño claro que se le antoja muy corto le hace avanzar cien metros a una velocidad casi decente. Llama su hermana menor preguntando si va a estar en San José, sí, si la puede recoger cuando se devuelva a la casa, no sé si me voy a devolver, le incomoda hablar con ella sobre por qué tiene pensado quedarse en la casa de Ale. Ella suelta una risa cómplice, o tal vez una carcajada y le encomienda, aún ríe, le encomienda que se proteja y termina diciendo que ahí verá cómo se devuelve. ¿Necesita plata? Puedo pasar a dejarle algo. No gracias, ando suficiente. Por supuesto no le cree, es seguro que no quiere que vea con quién anda, seguro el tipo es de esos impresentables que su padre detestará de inmediato. No mamita, protéjase usted. Idiota. Hasta luego. Bye. Al colgar le invade una sensación de anciano, su hermanita ya está grande. Mierda, ni siquiera había nacido para el Mundial del 90. Hay algo de orgullo, algo de sorpresa reconocer en esa mujer de piercings y un tatuaje en el hombro a la chiquilla que siempre andaba sucia de tierra, las rodillas una calamidad, bajo el brazo una bola de fútbol apenas para la basura. Se sacude el aire trágico pensando un comentario divertido sobre eso para contárselo a Ale… siempre y cuando logre llegar.

A la altura del San Juan la presa es obscena, cosa que no imaginaba posible. Se hastía de la salsa y cambia de estación, algo que suena a un tango con una letra en un idioma que no conoce le distrae de que todos los buses del mundo se hayan atravesado ahí, frente a él. Y entonces ya no puede, ha luchado todo el día contra ello y más ahora que viene de camino. Le da por recordar cómo conoció a Ale.

Había llovido sin parar toda la semana, gran parte de Limón era una sopa de tormentas lodosas y damnificados. La Braulio Carrillo la habían cerrado otra vez por derrumbes, en San José las inundaciones de siempre, el Referéndum por el TLC había pasado hacía poco y él no sabía qué hacer con su vida de estudiante recién graduado y sin trabajo. Acababa de salir de una entrevista desastroza y tenía el ánimo por los pies, que además estaban empapados. El zapato izquierdo era una mole de barro, no había visto un hueco en la acera. El paraguas mantenía seco con esfuerzo el tercio superior de su cuerpo, todo lo demás tenía el mismo aspecto de ahogado que el resto del país. Por alguna razón no se sentía abrumado, tan solo algo aturdido y preocupado por la posible gripe que con seguridad estaba incubando.

Al fin pudo llegar a La Merced. El calipso de Walter Ferguson le hace guiños de mar.

Tomó un bus que lo dejó en un lado apenas conocido de San José. Prácticamente por olfato de peatón resignado logró llegar a la Avenida Segunda, luego de calles y cuadras de incertidumbre, en esa ciudad que parece que alguien la tiró desde lo alto y quedó inmóvil tal cual cayó y que siempre le causa desasosiegos de asalto especialmente en los sectores por los que no acostumbra andar. Siguió hacia Manolo’s a engañar el frío con un café caliente para combatir la neumonía o algún otro percance peor. Ni bien se lo trajeron una voz de mujer le pidió compartir la mesa. El lugar estaba lleno de otros que esperaban a que amainara el aguacero y solo había una silla disponible, junto a él. La miró sin sorpresa, a pesar de lo poco convencional de la petición. No respondió limitándose a quitar su bulto de la silla. Parecía cosa de cuento, de película, algo lo suficiente extraño para que fuera cierto. Sacó un libro y se dedicó a olvidarla pero antes de lograrlo le escuchó regáleme un café con leche. El mesero trajo el pedido y se fue a continuar su charla animada con otro de los clientes. Pasó la página.

Llegó lento a la Catedral, el tránsito no era tan malo y escuchaba algo de Bob Dylan. Había cambiado de estación.

¿Le molesta si fumo? Todavía estaba ahí, levantó la vista y a través de la mala luz de lluvia fría la vio hermosa. Se volvió al mesero, tráigame un cenicero. El humo de muerte lo hizo recordar el colegio y las reuniones clandestinas en casa del Pollo a tomarse el licor fino de su padre y a fumar esos Ticos cáusticos que Monchomán conseguía a través del alcahueta de su hermano mayor. La empleada no se metía con ellos si dejaban todo limpio antes de irse. Era un buen trato. ¿En qué piensa? Ella tenía ganas de hablar. Él negó con la cabeza y se zambulló en el libro.

Cerca de Barrio Dent, otra presa. Freddy Mercury no lo deja amargarse.

Ambos pidieron otro café al mismo tiempo. Él seguía empapado, ella ya no tenía ganas de hablar y él se sintió mal, sin motivo. Volvió a acordarse del Pollo y de cómo se había ido a Brasil a estudiar no sé qué. Aprovechó que tenía familia ahí y que le podían costear el viaje, los estudios, los excesos, todo. Ni tonto que fuera. Tal vez le hacía falta el huevón ese.

Cruzó San Pedro sin ver a los lados, lento, muy lento. Esperando que en Curri no haya tanta presa. Ismael Serrano, al cambiar la emisora, otra vez.

Llovía peor y aunque ya se había llevado encima un aguacero, no era nada deseable mojarse de nuevo. Ella volvió a pedir café, él también, ignorando que mañana probablemente se despertaría con gastritis. ¡Qué más da! La miró esperando que le hablara, ella lo miró sin decir nada. También leía, parpadeó y siguió leyendo. A él le pareció que tenía los ojos húmedos. Pero no podía estar seguro, con este clima de agua. Recordó a Monchomán en uno de sus ataques de melancolía, siempre por Lari, siempre porque ella no lo volvía a ver, porque andaba con un imbécil peor que él. Lo mucho que le costó olvidarla. Esta mujer parecía andar igual.

Con Pedro Guerra llega a la Pops de Curridabat, dobla a la derecha, sigue a una velocidad apaciguante y finalmente frena. Baja del carro, no es de esos tipos que aguardan en el vehículo. Toca el timbre, espera. Ale le abre algo encabronada. Feliz aniversario, mi amor. Ella esperaba ese recibimiento. Pero queda en paz al ver las flores.

Escuchó su llantito huérfano, así sin motivo. La miró con el maquillaje corrido, quién sabe desde hace cuánto había estado lagrimeando en silencio. Ignoró el recuerdo de ese pasaje de ese libro de Sergio Ramírez que justamente acababa de leer, “la lástima también es una pistola en la sien”. Con la voz en papel china pregunta, ¿qué tiene?

 

San Pedro de Montes de Oca

10 de septiembre, 2010

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Imagen tomada de acá

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9 comentarios en “Voy de camino

  1. Me parecido un texto muy bien narrada con varias y magnificas voces explicando la historia.
    Me ha gustado la mezcla de tiempos y el peso de la lluvia que empapa el relato de una humedad agradecida.
    Salut (hoy voy de crítica literaria :lol:)

  2. Dije que en silencio pero no puedo. Fabuloso relato. Ya no lo digo más pues todos lo son. Leeré el libro en cuanto termine el que tengo entre manos. Bueno ese “la lástima es una pistola en la sien” (recorté aquí una parte del comentario por prudencia) ¿Qué es la voz en papel china? Me gustó mucho, Adrián.

  3. Me gusto muchísimo!!! Irme imaginando todo el trayecto dl mae y el porqué! Jaja La musica! También como mezcla La narración dl camino con como conoció a Ale! 🙂
    Por cierto, el párrafo 3, no se me sonó medio familiar! Me recordó un escrito q ud habia hecho hace ratisimo q tenia La imagen d un cavernícola! 😉 o tal vez solo me doy x aludida!

  4. Imágenes de color, sonido y olor.
    Juro que de alguna manera yo iba también en ese carro y que fui testigo de cómo conoció a Ale.
    Cho, una vez más admiro tu ingenio y brillantez. Quiero leer más!!! 🙂

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