Para posterior extensión

…o de esas cosas que suceden estando vivo.

[Algo así como materia prima y en bruto para escribirse alguito a partir de las sorpresas de llevar este disfraz de carne y hueso, entre otros antifaces. La simple y complicada sorpresa de vivir la vida de uno]

Ante ustedes y en una promiscuidad de fechas, encuentros, desencuentros, personas, caras e interlocutores:

J. Camina, va peinado, bien vestido y creyéndose el ser humano más importante en toda la historia de la especie, adelanta a un par de muchachas guapas a las que ha espiado un poco desde que las vio unos metros atrás. Camina bajo un árbol y de pronto algo como una semilla le golpea la cabeza, piensa no darle importancia y seguir a la reunión importantísima. Como acto reflejo se lleva la mano al cabello y algo pegajoso lo devuelve de un patadón a su realidad de un homo sapiens sapiens silvestre en medio de seis mil millones y resto de iguales. ¡Lo ha cuiteado un pájaro! Entra al edificio que tiene en frente a lavarse, riéndose y mandando a la extinción a todas las aves. Se contenta pensando que lo tomará como signo de buena suerte: sí me van a dar el financiamiento.

Comprenda usted que ya han pasado cinco días. Y ahora se encuentra en un parque, sin bañarse, barbudo, despeinado, con un par de jarras térmicas generosas en café, camisa intrascendente y vieja, un jeans semejante y chancletas. Siente frío y se coloca una chaqueta y justo en medio del pecho algo parecido a una gota caliente que acaba de caer… Deja poesía y misticismos, optimismos ¡¡JUEPUTAS PÁJAROS!!

K. Lo ve sentado hablando de cualquier cosa sin importancia o de cómo arreglar el mundo, según su perspectiva. Vendría siendo casi lo mismo. Se acerca y ¡hola! ¿Cómo estás? Él se levanta ¡hola! Una sonrisa de hace algunas semanas que no te veo, antes que nos encontrábamos todos los días. Lo abraza, la abraza. Dejan de abrazarse, olés a hombre. ¿Cómo a hombre? Sí, a cigarro y a desodorante. A hombre. …eh, bueno. Usted dirá. Ya me voy. Adiós, cuídese. Ella lo ve sentarse a seguir su discusión intelectual que raya con lo intelectualoide, va rápido a clases mientras piensa en su trabajo y en el novio que la espera más tarde.

L. Una noche de adolescencia, caminando. …pero usted es muy guapa. Gracias, usted también. ¡Puta! Es la primera vez que me dicen eso.

M. Dicen que terminamos cantando el himno nacional, llorando y a voz en cuello, luego del estropicio de una noche de fiesta descomunal. ¿Usted se acuerda? No. Yo sí, un poco. [esta escena ya la había utilizado en un cuento]

N. La bicicleta era gris, mediana, aunque para mis proporciones corporales probablemente no lo fuera tanto. Vaya usted a saber. La única que he tenido. Era fea, es cierto, la había heredado de mi hermano mayor, es cierto. Pero me encantaba. Después de ella, a alguna de mi primo le hice el tiro. Pero ninguna como ésa, que no tenía frenos en el manubrio, había que mover en forma contraria los pedales. Para cualquier otro era una trampa con caída incluida. Una vez en el parque donde antes había un obelisco y que en tiempos de vientos se puede escuchar el mar, se me encabritó y desbocado olvidé cómo carajos se frenaba. Le atiné al puritico centro del árbol.

Ñ. El recuerdo es claro, pero clarísimo. Las imágenes de ese pequeño tele que estaba en la sala de su abuela, un montón de gente bailando, celebrando, con picos, palas, una excavadora además. Uno sobre la tapia esa, toda pintada, ayuda a otros subir. Qué buena fiesta, piensa, dicen que es algo de un muro, de que se acababa la división. Qué ganas haber estado ahí, se dijo con sus seis años. Al tiempo comprendió de qué trataba todo eso. [por alguna razón, ésta es una referencia constante]

O. Ha pasado todo el día observando traicionero al mar. Alrededor de las 11.50pm del 31 de diciembre de 1999. De cara frente al mar, atrás la gente celebra, bombetas, celebración, y él que espera. Mirando el horizonte, o al menos esa oscuridad salobre que le parece que puede ser el horizonte. Y ya son las 11.59 con 10 segundos. De radio Reloj, el conteo, 9, 8, 7, 6, 5… Se acaba el año, el siglo y el milenio. …4, 3, 2… Y de cara frente al oceáno, al Pacífico de los atardeceres. 1… ¡Feliz Año 2000! Y no se acabó el mundo, no hubo un fogonazo rojo fuego, rojo sangre que viniera del horizonte y… y… Pues no sucedió nada. Sin saber si sentirse decepcionado, estafado o un poquito aliviado, se desinteresó del mar y buscó a sus amigos.

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Imagen tomada de acá.

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3 comentarios en “Para posterior extensión

  1. No sé con cuál me quedaría para posterior extensión, quizás el O porque lo viví sino parecido, con ciertas similitudes.
    Hace dos años estuve delante del muro, los artistas lo habían decorado para envolver con celofán (papel transparente) un trozo de vergüenza y los vándalos habían destrozado el celofán. Se debatía entre si dejarlo o tiralo de una vez. Creo que la gente quiere olvidar pero no se decide.
    Salut

    • Todas, todas serán de posterior extensión. No necesariamente tal cual sucedieron, pero al menos sí en su esencia. Material para hacer o deshacer cuentitos, que la vida es bastante curiosa como para desperdiciarla, ya que se ofrece tan sin cobrar [la mayoría de las veces :P]

      En este país donde todo se olvida al tercer día, la memoria -especialmente la memoria histórica- es lo peor que nos puede pasar, por desgracia.

      Pura vida!

  2. Pingback: All in « Letras buitre

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