All in

Era la sorpresa gigante de sus adolescencias en el inicio del milenio. Se acompañaban mutuamente camino a quién sabe dónde y no les importaba. Él barajando sus cartas en otro juego perdido. Con su mala suerte para el póquer, para cualquier juego en realidad, aunque los otros quizá menos veniales, quizá más importantes, siempre terminaba con menos que al inicio. La verdad es que ya no la quiero; la vuelve a ver, ella le sonríe distraída. También tiene presentes sus propios sus saltos mortales sin red que tampoco habían salido bien.

Se agradan, se mienten verdades absolutas, juegan a ser niños creyendo ser los adultos que no son pero que les aterra ser. Se conocen de hace tiempo y hay un algo de fuerza de gravedad que los atrae y hay algo de magnetismo que los repele. Miran la carretera tan lejana que lleva a San José pero que hoy no lleva a ningún lado que les interese, la cruzan corriendo apenas fijándose en el tránsito y siguen en sentido contrario.

Pronto será la promesa del fin del colegio, en un mes más y la Universidad, así con mayúscula, se extenderá como el fin de sus males con el nuevo calendario ¡qué susto! No se lo dicen ni a sus amigos, ni a sus padres, ni a sí mismos. Las responsabilidades, esto de labrarse un futuro y ser una persona de bien, una persona de éxito, el desconcierto de crecer sin tener idea de para dónde ni por qué. Pasarán al menos dos años para que se atrevan a esbozar entre ellos sus miedos y decepciones de carreras que no les agradaron. Hoy no, ¡jamás! Hoy él se sentía valiente y ella con ánimo guerrero, se enfrentaban a la noche con una indiferencia calculada, para no perder detalle de nada.

Caminan, ya no están tan lejos porque en realidad sí saben a dónde van y sí que les importa. La verdad es que sí lo quiero. Ella tiene la decisión que viene buscando desde semanas y él está orgulloso de su convencimiento que le vino ahora apenas la vio a ella que está presente, que está presente desde hace rato, que está presente ahora luego de tantos años. Se siente observado y la vuelve a ver con una sonrisa amplia bastante distraída, hace noche sin nubes con algunas estrellas sin luna y un poco de viento fresco. Toda la tarde lloviendo dejó todo mojado.

Han hablado poco desde que se encontraron para acompañarse, para ganarle al aburrimiento de caminar solos en una noche que invita tanto a buscar alguien para caminar. Para abrazar, para sostenerse en el filo de un regazo y mirar con fascinación hacia el precipicio de un beso. ¿Por qué no? Si se puede, que suceda. Si está la posibilidad pues se aprovecha. Algo más allá sería deseable pero sí poco probable. ¿Quién quita un quite? A lo mejor… Cosas de una autoestima aporreada a fuerza de desengaños le provocan ciertos momentos de sobre estimación de sí mismo y su habilidad para convencerla de que se convenza que él vale la pena. La quise mucho, es cierto, ya no. Un tropezón momentáneo, la ausente es muy buena para hacerle zancadillas. Por lo pronto ellos dos caminan sin segundas intenciones inmediatas. Si hoy él… bueno, si hoy él… ella va fantaseando con todas sus fuerzas. Están en la edad de soñar sin restricciones, alguien podría decir, como si hubiera un límite de años para la esperanza sin frenos, para ilusionarse a manos llenas especialmente en una noche anodina que apenas inicia y que ofrece promesas con tanto gusto.

¿Cómo le fue en los exámenes de la U? Él se interesa así, cuando menos se espera, tan de repente que ella sigue caminando para responder luego de un rato en silencio con la misma extrañeza de quien viene de muy lejos. Pasé, pude entrar. ¡Qué bien! Los autos pasan a su derecha, es viernes y hay mucho tráfico, ya casi llegan, están a cien metros y ella no le pregunta nada y él tan orgulloso de responder lo mismo, pero no le dice nada. Piensa que fue tonto preguntarle eso. Ella se distrae con una moto escandalosa, la sigue mientras dice ¿qué va a hacer en vacaciones? Quiero ir a la playa, se apresura en reponderle. ¿Con quién? No sé, con quien quiera apuntarse. En un alarde de autosuficiencia, y si nadie quiere, ¡pues me voy solo! ¿Quién dijo miedo? Táctica para impresionarla, esa frase dirigida hacia la ausente habría logrado arrancarle un brillo en los ojos. Ella en cambio lo conoce mejor, ajá… a ver si le dan permiso. Él se recoje en un silencio de rencor súbito, ya no quiere estar ahí, ya no quiere ir a esa fiesta. A mí me serviría ir a la playa, a ver si me bronceo y él de reojo se la imagina en aquel vestido de baño del paseo de mitad de año. Estoy toda fea. Se rasca los cuatro pelos del mentón y se lanza sin paracaídas, no diga eso, usted es muy guapa. Aquí es necesario aclarar que si él se hubiera detenido a mirarla, si se hubiera parado frente a ella y la hubiera visto, se habría dado cuenta que se ruborizó, pero sigue caminando. Ella también.

Gracias, y remata con, usted también es muy guapo. Él piensa en volverse y ahora sí verla a los ojos y aunque llegara el fin del mundo que anunciaron que iba a llegar en el dos mil y que nunca llegó, nada lo iba a hacer moverse de ahí y estaba dispuesto a ir hasta donde no había llegado antes con ella, de jugarse su mala suerte a las cartas sin que le importara la verdad de una pésima mano. Paga y sube la apuesta.

¡Puta! Nunca antes me habían dicho eso, piensa patéticamente emocionado, ni siquiera la ausente que es buena para las cursilerías y las frases de telenovela, ésa de la que hace poquito se acaba de decidir que ya no quiere. Va a decirle algo y ella se le adelanta acercándose a la puerta y tocando el timbre, ya han llegado. Entran y él se da cuenta que en esta nueva mano su par bajo no sirve para nada. Le pierde la fe súbitamente y prefiere pasar este turno antes que quedarse completamente sin nada.

El fin de semana pasa y él se convence que ahora sí, ahora se va a mandar en una apuesta con todas sus fichas y sin ver las cartas, un all in kamikaze. El lunes, con el primer recreo apela a todo su orgullo y se dirige a donde ella siempre pasa los recesos con sus amigas, llega para escuchar felicidades ¿y desde cuándo? Desde el viernes de la fiesta que finalmente me pidió que fuéramos novios ¿Llevaban mucho andando? Un mes… ¿Ese imbécil? Piensa quedándose sin aire. Ve sus cartas: imagina que a su par de ases le acaba de ganar un trío de dos.

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Mira la apuesta una vez más, se ha acordado de todo esto ahora mismo que acaba de perder todo su dinero con exactamente las mismas manos. Maldita ironía.

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27 de noviembre, 2010

Alajuela Centro – San José Centro

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Cuento salido de acá.

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3 comentarios en “All in

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