El primer día de las convicciones

Para la muchacha de los ojos grandes

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Precisamente hoy se levantó más temprano, con la firme convicción de cumplir la promesa que se había hecho dos meses antes. Al abrir la puerta un vientecillo frío le arranca un pedacito de convicción con un estremecimiento, la calle vacía y esta tonalidad azul frío de la madrugada lograron convencerla de volver a la cama. Después se dijo que no, que no es posible, no podía ser tan vagabunda, no y no. ¡Adelante! Encendió el reproductor y salió de la mano de Cantoamérica y con la sonrisa de las victorias se fue trotando por esa Alajuela que se resistía a despertar. En pocos minutos entró en calor y notó con la maravilla de las sorpresas la gran cantidad de gente que pasaba a su lado, algunos corriendo, otros caminando, también los que trotaban como ella. Gente joven, gente mayor, solos o en parejas, algunos matrimonios incluso. La Calle Ancha estaba tomada por peatones. Al doblar en la esquina del Estadio un hombre vio a un hombre que parecía hablar solo, por curiosidad bajó el volumen y descubrió que le contaba cuentos a su perro mientras caminaban, no la vio pasar, absorto en la historia de un perro que se llamaba Paco igual que usted y había encontrado un lugar increíble donde podía estar sin correa y perseguir a todas las ardillas que quisiera… ella retrasó el ritmo lo más posible para escuchar, varios metros después ya no lo escuchó más. Se encontró frente a frente con un par de señoras mayores caminando increíblemente rápido para sus edades de mantronas jubiladas. Yo voy a ser así cuando sea grande, dijo.

Sintió una picazón molesta en todo el cuerpo y no se detuvo, amplió la sonrisa acordándose de lo que hace mucho tiempo le dijo su padre, es que lasangre está removiendo todas las toxinas y las está botando con el sudor y eso es bueno. Si es correcto o no, no le interesa averiguarlo, especialmente ahora que inicia su compromiso consigo misma de sacar a empellones a este sedentarismo que se le enquistó desde el inicio de la licenciatura. No soporta los gimnasios, pero caminar es algo que todos deberían hacer para ser felices, ella lo dice siempre con alguillo de nostalgia. Pero ya no más después de hoy.

Sigue camniando feliz de sentir la brisa fresca en contacto con su piel caliente, le gusta mucho el comprender que está haciendo algo que le dé salud, que finalmente venciera a la pereza y es que desde ayer en la tarde viene sintiendo un no sé qué. Algo extraño, no puede decir bien qué. Es un desasosiego, pero es algo que le nace del pecho y que se le extiende a todo el cuerpo. Es… como la neceisdad de hacer algo, de… estar segura que está segura. Pero no sabe bien qué, revisó sus últimos días, semanas, meses para quedarse igual, no sabe bien qué puede ser. Claro que ha hecho algunos cambios, ha dejado cosas, ha llorado y se ha decidido. ¿Será todo eso? ¿Todo, todito en su conjunto? No está segura, pero está segura.

De tanto ir pensando no se da cuenta que está por cruzar frente a un edficio en construcción, muy tarde para dar la vuelta, ya hay peones que inician su trabajo y se asusta esperando que le griten alguna cochinada, de esas que le pongan los ojos húmedos de la rabia y de la vergüenza y de la impotencia de no poder mandarlos a la mierda porque entonces le dirían algo peor. Sube lo más que puede el volumen. Todos dejan lo questaban haciendo y la miran sin hacer ningún ruido, embobados con esa aparición morena café con leche, no es hasta cinco metros después que alguno logra reaccionar y oye, en un silencio largo entre canción y canción, con los ojos bien abiertos y el inicio de una sonrisa que le acaban de gritar ¡adiós Emperatriz! Se imagina que es así, con mayúscula mientras que una segunda voz prosigue ¡Con esas piernas de diosa yo le creo lo que sea! Así de un sólo se le quitó la vergüenza de esa pantaloneta corta atrevida y que con atrevimiento poco común se había comprado ayer en la tarde cuando tuvo esa cosa de seguridad y de saber que ya, que tiene que hacer algo.

Seguía con una sonrisa después de bañarse. Se hizo un café rotundo y un par de tostadas con queso que tuvieron el poder mágico de aplacarle la molestia de ser el primer día de trabajo luego de unas vacaciones perdida en lo más hondo de una finca familiar allí en La Fortuna, con el volcán Arenal y sus retumbos y sus erupciones como única compañía. Desde chiquilla siempre ha tenido vocación por la soledad, aunque no es por eso que ahorita viva sola soñando con un gato que le diga miau en la mañana para despertarla y la salude con silencio de gato y su cola enroscada cuando regrese del trabajo a la noche. No es por su natural condición de soledad que se encuentre ahora solita, solita, porque no se trata más que de mala suerte con los hombres, ni más ni menos. Tan simple y tan complicado ¡qué vaina! Pero ¿saben? La magia del café rotundo y el par de tostadas le alcanzó incluso para no acordarse de ese desperfecto, con el que adereza sus desayuno desde hace ratillo.

Le sorprendió el buenos días sincero del chofer y le respondió coqueta su buenos días, también, se sentó junto a un tipo de anteojos y barba que le regateaba al sueño cuarenta y cinco minutos más. No despertó hasta que el bus dobló en el San Juan, iba hasta roncando. Le hizo gracia la cara de tonto que puso cuando la vio junto a él, de seguro le pareció atractiva. Caminó hacia el bus de Barrio Escalante con un tumbao inusitado que levanto miradas y se llevó por delante corazones en la mañana de primer día de trabajo de muchos, que ella sin saberlo nunca, le alegró la jornada a más de uno. Al montarse al bus encontró campo cerca de los parlantes y pudo escuchar bien los boleros que el chofer tenía puesto.

Entró a la oficina con Julio Jaramillo en los labios, saludó a Vanessa, la secretaria, con una efusividad desacostumbrada que la otra respondió deseándole que hubiera tenido felices vacaciones. Encontró su escritorio con algo de polvo y, como los dos años anteriores, buscó en los implementos de limpieza un trapo, tarareando un tango de Discépolo se encargó de limpiarlo bien. Porque cuando hay que sacudir y espantar al polvo ella canta tangos. No sabe hacerlo de otra manera. Bárbara le dice que se ve linda y que qué hizo en vacaciones que vino tan bonita, y que la ve contenta. En eso oye los pasos ruinosos de su jefe y una mueca de fastidio se le sale así, de pronto, el viejo cabrón no saluda a nadie y pasa directamente a su oficina cerrando la puerta con indiferencia. Claudio entonces dice un chiste relacionado con esa actitud de emperador romano. Ríen y empieza la labor para todos. Revisar correos, hacer unas llamadas, planear reuniones con clientes, esas cosas que se hacen en un trabajo y que no se cuentan gran cosa con gente que no sea un compañero.

Pues bien, regresó a casa sin mayor incidente que eso que le nace del pecho y que se extiende a todo el cuerpo. Esa certeza de ahcer algo, de que es hora, de que es necesario hacer algo. En la puerta un par de ojos se le quedan viendo y viendo y viendo, en silencio. Ella no sabe qué hacer, vuelve a ver todo lado. Con una iluminación divina o casi, se acerca un poquito, se acerca despacito y podría jurar que hasta le sonríe. Extiende una mano tímida, hola lindo, no te había visto antes por aquí. Tiene un collar y una cola que parece que piensa por sí sola, sólo que ahora, ahorita mismo la enrosca alrededor de sí mismo. Se deja acariciar con un ronroneo suave. No hay duda, está sonriendo. Detrás de ella escucha ¡Calambres! El ruido de unos pasos y se vuelve para descubrir a un tipo con aire de recién llegado que la mira a ella y al gato sin decidirse por quién prestar toda su atención. Con un gesto nervioso se acomoda los anteojos y le agradece haberlo encontrado porque no había vuelto en dos días. Soy su vecino de enfrente. Ee que no tiene ni tres semanas de haber llegao y que solo en dos ocasiones había visto. Alza al animal con alegría gracias, de nuevo y sin saber cómo ni cuándo se devuelve a su casa.

Ella entra en la suya, con eso del pecho aún más feurte y se da cuenta que ya, que es el momento. Que llegó el tiempo de que le toca vivir y ser feliz no importa cómo, porque sabe que será feliz, porque sabe que lo que va a hacer a partir de ahora es con gusto, es a partir de ahora el momento de ella de triunfar. Siente que la vida es un turno de pueblo con carruseles y manzanas de caramelo y churros y cimarronas y mascaradas y todo.

Los vecinos salen sorprendidos de verla y oírla dando golpes con un cucharón a una olla, con un pito que de vez en cuando sopla, cuando no está a voz en cuello tarareando eso de farafarachín, farafarachín, farafarachín, chín, chín, chín. El vecino del gato la ve a través de la ventana y se precipita sobre una de las cajas, que tiene todavía un montón de cosas que ordenar y muy pocas ganas. La rompe, todo se desparrama en el suelo, no importa, tiene la excusa perfecta para esta junto a ella de nuevo, sale con una de sas sonrisas que da la victoria. Lleva su vieja trompeta y que tenía años de no llevársela a la boca, justamente lo que hace ahora. Ella lo mira con una sonrisa que además de sorpresa tiene algo de complicidad y mucho de risa. Él se estaba rasurando y está en media calle con media cara embadurnada de espuma de afeitar. Calambres los sigue, maullando.

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Alajuela Centro

08 de enero, 2011

 

 

Imagen tomada de acá.

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6 comentarios en “El primer día de las convicciones

  1. hay tantas líneas en que lo quiero citar… sus letras serán siempre contemporáneas y provocadoras de emociones… téngalo por seguro.

  2. Quizás cuando algo especial va a ocurrir si que nuestro cuerpo tiene unas reacciones que anticipan el hecho.
    Buen relato que me parece diferente a los que normalmente sueles escribir. Incluso me parece hasta algo romántico :lol:. Lo que no quita para que esté muy bien narrado y con detalles made in este particular.
    Salut

    • Si, es cierto. Hay veces que se siente venir un suceso. Es algo orgánico.

      ¿En serio notás que es distinto? Mirá vos, ¿Como en qué?

      ¿Y romántico? Qué vaciló.n Lo que sí sé es que tiene una cantidad inmunda de dedazos jajajaja

      Pura vida, Micro

    • Es que no siempre se puede ser tan pesimista. No siempre y no tanto, por algún lado se tiene que tener un final que corre el riesgo de caer en la categoría de finales felices. Por más mal que suene jejeje.

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