Pescado, tomate y mermelada de limón y gengibre

Y llegó mi madre y me dijo que me iba a servir en un futuro, a los catorce años eso de futuro me sonaba a algo bien abstracto y lejano. Pero igual aprendí.

En algún momento de universidad confundí el curri con la canela y el pollo no estuvo tan estrepitoso como pudiera pensarse.

Y llegó usted, muchacha, no hace mucho y me dijo que le pusiera atención a la fiesta de sentidos que se ocupan para cocinar. Por fin la verbalización de ese yo no sé qué de cocinar tan escurridizo y del que no aprendí a querer sino hasta bien adentro de los veintes.

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Para iniciar, antes siquiera de tomar un cuchillo, debe poner a volumen generoso buena música, de esa que lo hace a usted feliz. Una sugerencia bien puede ser Greatest Hits II de Queen. Luego proceda con la elaboración de un café cargadito, que le traiga recuerdos de esos bien tuanis y así sus sentidos ya estarán precalentados para que cumplan su función de sentidos.

Ahora sí, tome el pescado y deje que le cuente alguna de sus historias de mar. Admírelo mientras corta un limón y exprime el jugo y déjelo en un tazón por allí cerquita que ya casi entra a escena. Luego, enamórese de un tomate tanto como para desnudarlo a poquitos de la cáscara y no tema en picarlo en pedacitos y proceder a majarlo -como sucede con todo amor, incluso con aquellos que no se van al carajo-. Ahora a manos llenas tome un filete y déle un baño de limón, y después con sal y pimienta negra un masaje sin pena, deje que sus manos le den un primer indicio de lo que será darle un mordisco. Colóquelo en un recipiente y cúbralo con un poco del tomate. Repita todo el proceso con todos los filetes que tenga y vacíe todo el limón y todo el tomate majadito allí mismo, si le sobró algo. Ahora sí, déjelos solos en la refri, que se conozcan y se cuenten todo aquello que se tengan que decir, no los interrumpa, no sea indiscreto[a]. Usted y yo sabemos que esas cosas que se digan deben ser interesantísimas, más adelante se lo dirán. No se preocupe, acompañe a don Freddy Mercury con “All we hear is Radio ga ga / Radio goo goo…

Toca el turno del chile en juliana y la cebolla en rodajas. Chas-tás, tás-chas, chás. Sea parte de la alegría roja de los chiles y ese picor sabrosito de la cebolla que hasta saca lágrimas. Una vez cortadas se colocan en una olla extendida con un chorrito de aceite, lo necesario para que no se pegue nada y que tenga las ínfulas para sofreír. Hay que hacer una pausa para que el chiiiís le llene el alma y abra muy bien la nariz, déjese embriagar por los cuatro grandes [chile, cebolla, aceite y calor]. Pique ajo y déjelo ahí, a un ladito y prométale que pronto le tocará su turno con el aceite. No es recomendable que lo ponga a participar de la cocción desde el principio porque tiene la mala costumbre de quemarse muy pronto, antes siquiera que la cebolla esté lista. De vez en cuando remueva los ingredientes y evite que se peguen en la olla.

Llegamos a un punto crítico. ¿Qué más le hacemos? ¿cómo seguimos? Y es ahí que tal vez la alacena tenga una respuesta. Por esas cosas de la vida, hay una mermelada de limón con gengibre que fue comprada dos meses atrás y espera a gritos ser abierta. Hágale caso, no se haga de rogar. Ya para este momento la cebolla está a punto de caramelo y debe cumplir la promesa que le hizo al ajo.

A lo mejor quiera cambiar la nota y es entonces que viene Gilberto Gil con Kaya N’gan Daya, ese gran tributo al viejo Bob Marley. Y entonces con Buffalo Soldier busque el amor de otros tomates y desnúdelos y májelos de nuevo, póngalos en una olla pequeña junto a un poco de mantequilla y albahaca por un buen rato. Si lo prefiere, ciérrele el ojo a una pasta de tomate preparada, de esas que se compran en supermercados.

Abra la refri y avísele al pescado y sus nuevas amigas, que ya es hora de salir. Coloque los filetes en el fuego con una fanfarria de páprika. Ahora sí, una de las estrellas estelares de la velada: una generosa cantidad de la mermelada. Sea bueno con usted mismo[a] y regálese una probadita de ese limón y ese gengibre y luego prosiga con Gilberto Gil y “não, não chore mais / menina não chore assim!”. Ahora va la pasta de tomate y no olvide un poquito de agua para evitar que el pescado se pegue y, para que haya caldito. Un poquito más de sal porque si no quedará muy dulce. Y ahora sí, déjelo de 20 a 25 minutos a fuego lento y no se olvide de seguir aspirando los olores.

Vuelva sobre la cebolla, el chile, los ajos y el aceite. Es que le toca el turno al arroz. No, no me gustan las ollas arroceras, las siento insufriblemente impersonales. Pique todos los ingredientes de buena gana y colóquelos juntos, menos el ajo. Recuerde su mala costumbre. Cuando ya la cebolla tenga ese bronceado caramelo sensación lleve de la mano al ajo y hágalo parte de la fiesta. Coloque dos tazas de arroz y dos tazas de agua caliente, proporciones iguales de arroz y agua es muy importante. Porque si no, el arroz se resiente. Si tiene más agua se vuelve masudo, si tiene menos no le da la gana terminar de reventar del todo. Ahora sí, la mejorana y el romero dicen ¡presente! Y se les agradece la disposición y por supuesto que van de cabeza a la olla. Sal y revuelva. Tape y deje en el mismo fuego hasta que salga vapor, entonces bájelo el fuego al mínimo por 20 minutos.

¿Ensalada? ¡Por supuesto! Tome una o dos zanahorias y dígales que hay que quitarles la cáscara y hay que rallarlas, verá cómo le hacen caso. Luego unas hojas de lechuga bien lavaditas y coquetas y… otro tomate, partido en gajos y con su cáscara. Notarán que los tomates se dejan querer fácil y bien y no guardan resentimientos. Son un notón.

Queda esperar a que el arroz esté listo, apartarlo del fuego y removerlo con un tenedor, que si no, el muy vagabundo se queda como está, todo apelotonado.

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Y bueno, solo queda por decir, ¡provecho!

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2 comentarios en “Pescado, tomate y mermelada de limón y gengibre

  1. Yo soy de las que le gusta tener historias con el tomate, somos viejos conocidos y siempre nos hemos llevado bien. A veces invitamos también a la fiesta al pan y el aceite. Pan con tomate es mi favorito, aunque puedo prescindir del pan.
    Muy original esta entrada. Distinta y muy buena.
    Por cierto yo suelo guisar con esta música los días que tengo ganas de algo especial

    Salut

    • ¡Ópale! Qué tan buena, Micro, muy buena música. Ya voy a buscar más de esta gente.

      Yo me llevo muy bien, especialmente, con la pimienta negra y la salsa de tomate.

      Pura vida, ¡tuanis!

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