Es lo único que pregunta, Luis Antonio

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Desnuda y mirando al cielo raso era silenciosa pero más verdadera que ayer, se acarició el costado izquierdo como si le hiciera falta algo, cruzó las piernas con algo de frío y se cubrió con la sábana hasta medio muslo. Después quedó quieta, su piel relucía suave en la noche a través de la luz del poste cercano y que las persianas no lograban obstruir totalmente. Una línea amarilla se demora en los cortonos de su cuerpo, sus hondonadas, elevaciones, los efectos del nulo ejercicio y las cervezas, los días de ayuno, un recuerdo de apendicitis, un lunar…

No es la primera noche que pasan juntos, pero será la primer mañana que no se va y eso quizá es lo que los mantiene despiertos.

Por supuesto no se dicen nada y no hablarán del miedo de insomnio de ese desajuste como no se les había atravesado otro desde la adolescencia más o menos privilegiada, menos o más depresiva, en el asombro del último lustro del milenio pasado… Él se rascó la barba recién crecida sin comprender porqué había recordado sus años salvajes y las huídas de la policía, marginales y clase alta atados sin mayor oportunidad de escape al mismo barrio, la misma calle de zona rural que la capital fue engullendo a poquitos.

Su respiración tiene cierto compás que le desasosiega, ¿será así por siempre? Hasta ahora lo escucha, o al menos, le presta atención. Y como ya no tiene nada seguro, por supuesto la duda…

-Margarita, ¿usted ronca?

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Imagen tomada de acá.

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