Lo peor que podría pasar es que fuera una comedia romántica

llueven ancestrales aguaceros”

de una canción de Guadalupe Urbina

 .

gracias Alexandra, por la idea

 .

Blue moon you saw me standing alone… tararararararaaa tarararaaararáraa Blue moon… el aire tenía una tonalidad azulada y llovía como en un cuento de García Márquez; caminaba lento con la mente más allá del monotonear del agua, de los pies mojados, de que nos íbamos a encontrar poquito después en casa y you saw me standing alone… pobrecilla esa muchacha, que corría acogida a la salvación de un suéter sobre la cabeza en medio del desbarajuste del aguacero. La deja pasar sin pensar nada en particular without a lov… ¡hola!

Esos momentos tienen ese sentimiento tan particular de flotar a varios metros sobre el suelo para ser succionado en una tromba de realidad y caer al suelo y darse cuenta que, diantre tengo los pies mojados y está haciendo frío y yo a usted la conozco, suave, de dónde la conozco y ¡claro! Parpadeo y ¡hola! ¿Cómo está? ¿Para dónde va? Voy para allá y yo para allá. Necesariamente son direcciones opuestas, por supuesto que la llevo, colocando entre ambos el paraguas y juntos se van mojando a medias.

Yo no entiendo por qué no se le puede decir a algún desconocido con paraguas que si va por el mismo camino que yo pues, que me tape, no entiendo cuál es la dificultad, ella dice. Es cierto, deberíamos poder compartir un paraguas sin que sea raro o imposible, le tomo la razón, es más me parece que es de las cosas más lúcidas que he escuchado últimamente. Se podría hacer un corto de eso o una película o no sé, algo; suelta una risa lo malo es que podría convertirse en una comedia romántica. Una breve valoración sobre las múltiples posibilidades de que algo tan sencillo, tan simple, tan necesario pueda degenerar en una trama empalagosa con Sandra Bullock como protagonista se vuelve una perspectiva totalmente desagradable y qué lástima porque la historia está genial para jugar con una serie de temas tan ricos como lo pueden ser la soledad, la paranoia, la imposibilidad de relacionarnos. Sí, qué mal. Llegamos frente a su carro y se ofrece a llevarme a donde sea que iba y yo pensando en usted y lo bueno que sería ponerme medias secas, lo glorioso que sería envolverme en una cobija con una bebida caliente entre las manos y yo entre sus piernas… ¡Qué presa! El mundo se descalabra cuando llueve, especialmente si es entre las 5 y las 6 de la tarde. Me bajo del carro, nos despedimos, seguimos con nuestros planes del día a pesar de la tormenta tropical en alguna parte, porque fijo que esto es por culpa de una tormenta o una depresión tropical.

Cuando abre la puerta del apartamento es como si existiera el cielo, ella llegó primero e hizo café, mira la televisión disfrutando que sea viernes y que mañana no tenga que ir a la oficina para poder acostarse tarde. Me voy de una vez a cambiarme y a lanzar bien lejos estas malditas medias empapadas, entonces me siento mejor y respiro con ganas el ambiente doméstico que se ha instalado entre ambos, nota curiosa en nuestra bitácora de relaciones. Da sustillo, es cierto, pero al mismo tiempo nos gusta. Me voy a buscarla y descubro que sigo pensando en paraguas y desconocidos, voy a pasar toda la noche pensando en eso y la voy a sacar de quicio porque no podré evitarlo, se ríe. Esa será una de la cadena de esas pequeñas cosas sin importancia que jamás podrán soportar y que si todo sale mal los va a hacer separarse para siempre, pero no nos adelantemos, a lo mejor les va bien. El que solo se ríe de sus maldades se acuerda, le oye decir.

Le cuento lo que me ella me dijo y que me parece que es una idea buenísima, porque eso demuestra cómo… su dedo índice sobre mi ojo derecho, por molestar lo hace cada vez que “se pone serio a hablar de problemáticas sociales, usted que no se puede quitar las ganas de comprender al mundo cuando está conmigo” y me callo. Aprovecho para comentarle una vez más que me gustaría escribirla desnuda alguna vez, sonrío esperando que esté de acuerdo y ella responde que de dónde la conozco en un desplante de celos cuidadosamente calculado para el momento en que me dejara de preocupar por las implicaciones de soledad, desconección e inhumanidad que están detrás de no poder pedir ayuda en cosas tan simples y tan urgentes como lo podría ser evitar empaparse hasta los genes en un aguacero y yo que no puedo dejar de derretirme ante sus ojos serios y crueles, su boquita torcida en un enfurruñamiento de cataclismo, la tensión de jaguar de su cuerpo cada vez que considera que es necesario reclamar su espacio junto a mí. Es que se ve tan guapa y a mí me gusta sacarla de quicio diciendo alguna corrientada, ¡ya no me moleste! Esto es serio. Dejo que la presión suba a puntos de desastre, luego le recuerdo que le había hablado de ella hacía un tiempo y lo recuerda. Le acaricio un hombro, ella no dice nada.

Es noche de lluvia y no puedo dormir, escribe sin dejar de pensar cómo putas la especie ha durado tanto en medio de tantas incomprensiones, silencios, malos entendidos y después se le atraviesa el recuerdo de ella la vez que se dieron cuenta que a lo mejor podían estar juntos en medio de este desquicie y de este trópico que no entiendo cómo no se inundado de una buena vez con tanta lluvia que cae en los meses de lluvias. Se vuelve a verla, de la boca entreabierta se pueden ver los dientecitos de adelante y piensa que sería liberador que algún día se atreva a escribir sobre lo extrañamente feliz que le hace verla así, en esa posición tan poco sexy y sin que ella se dé cuenta porque es entonces que la quiere aún más y le encantaría decirle lo mucho, lo muchísimo que la ama sin que suene tonto o se ruborice por lo terriblemente cliché que suena porque teme que una vez que se lo diga ambos se aterren ante la inmensidad de la palabra llevándolos a cometer alguna tontería de la cual se podrían arrepentir, casi como en una comedia romántica… ¡Carajo!

Gracias a esta última autoconfesión no ha dejado de pensar en todas las causas, posibilidades, realidades, estructuras, precondiciones, juicios y prejuicios y creé tener la respuesta de por qué es tan imposible romper el horror de acercarse a un desconocido para pedir ayuda en un aguacero, pero prefiere olvidarlo todo acariciendo la oscuridad de su cabello mientras está dormida. Es algo que le encanta hacer y es probable que ella no se dé cuenta jamás.

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Imagen tomada de acá.

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4 comentarios en “Lo peor que podría pasar es que fuera una comedia romántica

  1. La lluvia siempre ha sido mucho más del gusto de la literatura que el viento. Quizás sea por los paraguas que permiten a dos cobijarse bajo su pantalla y olvidarse del mundo.
    Un desayuno en Tiffany’s cantando bajo la lluvia, es lo que me ha recordado.
    Salut

    • ¡Qué bien! Eso me gustó “desayuno en Tiffany’s cantando bajo la lluvia.

      Los paraguas… en esta parte del mundo con estos “aguaceros prehistóricos” apenas sirven para mantener secos del pecho para arriba. pero peor es nada.

      -duré toda la vida en responderte… todo mal… pero he estado como quitadón para escribir y ni siquiera me he dado una vuelta por acá-

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