Las cosas bien hechas

Banksy - Policía

Punto. Con un punto. Todo. Tamborileó molesto sobre la superficie de la mesa, el gesto de años no le significaba nada para él, era parte de sí como su cabello en distintas tonalidades de gris acerado o el lunar en el tobillo derecho. Pero quienes lo rodeaban se tensaron con esa ansiedad propia de quienes esperan la tormenta inevitable, alguien que estaba cargando sus propios ensimismamientos se movió bruscamente resquebrajando el silencio y ajeno al hombre que aguardaba pacientemente desde hace veinte minutos. Quizá de no estar perdido en su propio mundo de preocupaciones habría tenido el tacto de sacudirse la incertidumbre con algo menos dramático, tratando con delicadeza la exasperación del hombre que lo miró con una curiosidad científica, tratando de evaluar cuánto de imbécil tenía y por qué debía soportar su presencia. Con un punto. Todo. Con un punto.

Le exasperan las cosas mal hechas, los días de sol de trópico suicida, las mujeres que tienen la voz chillona y los hombres que le chupan las medias. Lameculos. Sí, estos últimos lo exasperan y preferiría confiar en cualquiera de sus enemigos antes que en ellos, pero le son útiles; en su mezquindad y en su afán de perro faldero hacen esas cosas que llamaremos de legalidad contorsionista y moralidad cuántica y que está mal visto que él las haga, directamente.

Lo mira y el otro no se ha dado ni cuenta.

Recordó de pronto aquella vez de joven cuando todos miran al hombre que sale de la televisión, alguien fuma, el recuerdo siempre le huele a tabaco, dijo en voz alta algún día seré como él. Se rieron. Ahora ya nadie se ríe, sólo él.

Lo mira y sigue pensando que todo, pero todo, pero todo, con un punto. Por eso… sigue tamborileando pero es como si estuviera dando puñetazos a la mesa y la gente que lo rodea desea salir de allí, sabe que más pronto que nunca se reventará la tormenta sobre sus cabezas.

Lo que sale en televisión es siempre una pequeñísima parte de la realidad, y por lo general es mentira. Lo supo luego, a veces como testigo de primera mano, a veces porque era él quien salía en televisión.

Mira al tipo que finalmente comprende que el silencio enrarecido es, en parte, por su culpa. Dispuesto al harakiri se levanta y sale de la habitación, siente los latigazos de las miradas de todos pero esas no le importan en lo más mínimo. Sabe que tiene la horca puesta, aunque no tiene ni idea de por qué, algo debió hacer que no le gustó naditica al viejo. Sale temiendo por su futuro.

No ha terminado de cerrar cuando se da cuenta de lo ridículo. El hombre está acabado y él aún puede salvarse. Faltan cinco minutos y toda la espera de la tarde, que se le había enquistado junto con la angustia de pronto le parece una pérdida de tiempo. Considera la lealtad, ¿es necesario que esté allí? Sí, es necesario, podrá estar acabado ante el pueblo, pero aún sigue siendo moderadamente peligroso, dueño de una considerable cantidad de favores por cobrar.

Pueblo de borregos, piensa el hombre.

Una mano temblorosa surgida de quién sabe dónde le alarga un par de hojas. Justo a tiempo y corregido. Todo debe terminar con un punto. Punto. Con un punto. Todo.

Sale de la habitación y un suspiro que más que alivio es compasión por sí mismos se desgaja de los presentes. El hombre sale, se apoltrona en la silla de frente a las cámaras, coloca las hojas en la mesa y a la orden del jefe de piso está a punto de hablar en vivo en lo que parece es el despacho de su oficina, pero no es más que un escenario montado en una casa de seguridad.

Sabe que lo miran y él les devuelve la mirada con algo que no es altanería, sino desprecio. Espera un segundo, segundo y medio. Sabe que en la habitación todos están pensando lo mismo que la mayoría de sus televidentes: debimos haber apoyado a otro; pues no lo hicieron y tienen que aguantarse. Tuvieron que aguantarme. Sonríe con una calidez mortuoria.

Conciudadanos. La situación del país en la últimas semanas y el clamor popular me llevan a tomar una decisión. A pesar de que mis enemigos me han criticado que no escucho las necesidades y deseos del pueblo, con este acto que estoy a punto de realizar quiero recalcar mi compromiso con ustedes, asumido con la mayor de las humildades y con un gran amor por esta Patria. Porque siempre hemos trabajado por lograr el desarrollo del pueblo, por combatir la pobreza, por ser mejores siempre…

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Imagen tomada de acá.

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