La Inmensidad II

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El sabor de su sexo era un recuerdo que nunca se había tenido. Reía y se asomaba al mundo con una extrañeza fuera de lugar, con sus ojos glaciares que nunca se acostumbraron al trópico.

Hace mucho que no la veo. Hace mucho que no nos recordamos.

La cambié por una nebulosa posible, por un suspiro chocolate que a la hora del destino me dio miedito comerme.

Ambas tenían caderas grandes y yo siempre he tenido el desconcierto amplio. Aquí nacieron los desencuentros, des-encuentros

desEncuentros

deseencuentros, desee encuentros. A veces ya no encontrarnos, deseo. Y a veces sí.

Vinieron otras promesas, otras pieles. Algunas más frías, otras más ígneas, algunas por la terquedad de la malas decisiones.

Vacíos primordiales, propuestas y sonrisas. Tal vez alguna traición, tal vez algún hastío. Una llamada telefónica que aún tengo que hacer -y  no quiero-. Por el final finaliza todo, la forma de contarlo es ya asunto de cada quien.

El mundo es muy pequeño, pero no lo suficiente para que nunca más estemos juntos en la misma habitación. Si, solo si, dios jugara a los dados.

[El párrafo anterior debería ser el inicio, pero así como la vida se vive como se puede y a veces como se quiere, las historias se desenrollan como mejor se logre hacer. A veces quedan nudos que no se pueden desanudar].

Besábamos bien rico.

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Imagen tomada de acá.

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