Apuntes breves sobre la producción de audiovisuales en Costa Rica

Apuntes breves sobre la industria producción cinematográfica de audiovisuales en Costa Rica

trabajo

La vieja idea socialista del control (socialización) de los medios de producción para lograr el fin del capitalismo nos puede servir de base para empezar.

En un momento de la historia esta premisa era válida. Eran pocos los medios de producción y estaban en manos centralizadas, aún cuando hubiera una ebullición de empresas o controladores. En el actual modelo de capitalismo tardío se da un proceso paradójico, la acumulación de los medios de producción por un lado, pero por otro se pone a disposición de la gente común versiones baratas y de baja inversión de cierto tipo de medios de producción.

Justamente están a la mano aquellos medios que actualmente son los más cotizados: la producción de sentido, de productos culturales. Fotografía, video, en lo mejor de la tiranía de la mirada y después expresiones (productos) que se han vuelto “menores”, el  audio, el texto.

En cualquier momento y lugar, con un aparato móvil se produce contenido. Toneladas de contenido y expresiones culturales. Fragmentadas, hedonistas, enmarcándose desde muchas formas de avistar la vida. Y muchas veces de una alta calidad estética, de discurso y de elaboración.

Entonces, ya se vuelve obsoleto pensar en el control de los medios de producción para generar un cambio. Lo importante, ahora, es encontrar nuevas formas de distribución. Ya ni siquiera controlarlo. Es un absurdo pensar que en esta nueva manifestación de la sociedad, que es inmediata, divertida, absurda, líquida, se pueda hablar de un control sobre algo. Hay una constante modificación, una renovación, un consumo de sí misma y, por tanto, de desecho de formas y distribuciones.

Así que ¡es imposible el control sobre algo! Según las condiciones actuales de la virtualidad. Sí, es posible un control desde algo. Pasamos del viejo Panóptico de Foucoult (siempre me cuesta escribirlo, así como escribir Nietzsche, ¿lo hice bien? –Bah, no viene a viene a cuento)…

Decía que pasamos del viejo Panóptico de -joder- Foucoult donde desde una posición arriba y autoritoria se veía a todo lo que había debajo, controlándolo, midiéndolo, sanitizándolo a una versión más horizontal -ejem-. Unos pocos son los observados, por muchos, poder sinóptico.

Fuente: Larry Domine

Fuente: Larry Domine

Es entonces donde tal vez McLuhan no está tan obsoleto después de todo. Que eso de que el medio es el mensaje no se trata de algún desvarío superado de un autor (un teórico) pop-rockstar (al menos en su tiempo). Pero eso lo retomaré luego.

Y esto, ¿a qué cuento viene con los audiovisuales de Costa Rica?

Entonces, el punto de todo es la posibilidad de ser mirado. O más bien, consumido. Digo, son audivisuales de lo que se supone que empecé a hablar. El problema de la producción no lo es tanto. Hay herramientas semiprofesionales y comerciales de alta calidad que pueden solventar carencias. Y aún así es difícil contar con los recursos para ello. Sin embargo cuando se cuentan, los volúmenes de consumo del producto audiovisual son bajos.

Y cuando se habla de la posibilidad del consumo, hay que devolverse un paso atrás. La distribución. El problema, el reto, la particularidad (o como quieran llamarlo) con muchas producciones audiovisuales costarricenses es que se olvidan de lo algo básico de la comunicación. El papel de la sociosemiótica:

Producción – Distribución – Consumo

(Podríamos agregar Circulación, pero no embarrialemos la cancha. En otro momento, quizá)

Si tenemos medios de producción más o menos accesibles y un público que se ve que está dispuesto a consumir dichos productos culturales. Queda entonces la dificultad de hacerle llegar a C, lo que pasa en P. Ahora bien, que la distribución no es sólo el colocar en un cine, de una cadena o uno especializado. La distribución atañe a la promoción. Una fuerte campaña de promoción y de expectativa es necesaria. Es cara y es complicada. No hay duda.

Es fácil la quejar de la mala calidad del público -que está muy especializado en consumo de productos exportados y que todavía falta encontrar(se) un modo de consumo para productos nacionales-. También es fácil la crítica ante lo presentado. Que el público prefiere algo de mala calidad “para la alienación de las masas, ¡¡símbolo de una sociedad en decadencia!!”. Pero ojo aquí, que es la misma sociedad a la que se le pretende vender tu producto audiviosual, ¿no?

Y si lo que se busca es “no venderse a la lógica del mercado”, entonces la molestia por la poca asistencia a las salas de cine no tiene asidero. Puesto que la cultura es el [nuestro] negocio.

Hay que asumir algo que cuesta aceptar: los productos culturales en esta época venden. Y nada vende más que la imagen, no en vano el término “porno” ahora aparece en todo lado (foodporn, vansporn, carporn…) y el audiovisual vende muchísimo más. Es el producto cultural que es el paradigma de nuestra época. Tiranía de la mirada, volvamos a ello.

Fuente: Glamour.mx

Fuente: Glamour.mx

Emprender una aventura cara, tan extenuante como lo es la producción de una audiovisual (ya no en sus medios sino en su proceso) sin tener contemplado el proceso y financiamiento de distribución más allá de unas esporádicas interacciones en Facebook (con su  respectiva fan page) o unos cuantos anuncios en televisión es, definitivamente un error.

No importa si se tiene un producto hermoso y valioso. No importa si se logró participar en un [unos] festival[es] de cine. El asunto sobre el cual aparece la queja y que, al mismo tiempo condiciona el conseguir fondos para futuros proyectos es el proceso de consumo.

No en vano hace falta recordar la vieja máxima, “lo que no se compra, no existe”.

¿Cómo consumir algo que apenas se promociona? Teniendo en cuenta que los esfuerzos a nivel de medios alternativos (y más baratos) son igualmente poco articulados, suman al estado actual. La distribución, ese proceso que pasa del creador a los otros, a quienes van a aportar fondos. Y por eso mismo coloco a la promoción dentro de la distribución. El público debe acercarse a un producto deseable. Un producto interesante. Algo que incite. Y hasta el momento la forma más adecuada de hacerlo es la de construir un contenido. La película más taquillera de este país, lo fue no porque tenía merchandising. Lo fue porque contaba con espacios para crear un contenido deseable: Maikol Yordan se exponía. Generaba contenido, generaba que la gente hablara de él, su historia.

Por supuesto no hay que ser ciego. No se puede tener la capacidad de promoción que aporta uno de los grupos comunicativos más fuertes del país detrás. Pero ahí se piensa otra vez en control de los medios de producción. No se piensa en desde dónde se podría ejercer el control de la distribución. Campañas agresivas de contenido en internet, que apele a personajes reconocidos del mundo no virtual, por ejemplo, convocatorias de pequeños flashmobs -al principio quizá con amigos y familiares- y ya luego sueltas a ver cómo se reaccionan. Cosas así. En la carencia surge la creartividad.

Y sobre todo, asignar dinero desde el proceso de pre-producción. Que un porcentaje significativo del dinero solicitado en becas, fondos, concursos y empresas privadas vaya a la distribución / promoción. De lo contrario de nada vale la mejor película de nuestra historia, si va a acabar perdida en los archivos de alguien.

Producción ejecutiva o producción general. De alguien es esa labor. Pero tiene que estar. Esa sección del proceso es necesario contemplarla en función no sólo de atracción de fondos y papeleo administrativo, sino de exposición, de distribución. Y dejar de lado esa idea romantizada de que al hacer dicho trabajo se deja de ser artista. Se vende. Una cosa es crear contenidos culturales y otra cosa es crear bajo la inspiración de las musas. Vale por tanto, el replanteo de lo que es ser un productor audiovisual en Costa Rica. Ser un artista o un gestor cultural. O tal vez otro nombre.

Epílogo

Por supuesto, el peligro es entrar en un reduccionismo peligroso: la efectividad de una película se traduce en taquilla. Y al final se terminan elaborando narraciones que van acorde a los vaivenes de la afluencia de mercado. Condicionar narrativas y productos culturales tiene el peligro de que miradas de nosotros mismos que no necesariamente sean las más deseadas pueden quedarse de lado. Reduciendo el caudal expresivo, la posibilidad de voces que llamen a reflexión a autocrítica o la sátira.

Y eso,bueno, eso da para otro texto. En otra ocasión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s