Barcelona 3 – Juventus 1. De la resignación más triste del mundo

Pirlo triste

Veo el fútbol como aquel que se maravilla de contemplar las estrellas. Cada cierto tiempo me deleito observando esos eventos astronómicos que marcan las finales de los torneos. O a veces me acerco a mirar con los ojos bien abiertos esos derbys de equipos rivales históricos que son  leyenda y cantares de gesta.

Y bueno, hoy fue una de esas conjunciones estelares. Hoy fue el final de la Champions League europea. Dos grandes, dos maravillas de estilos distintos. Uno de los contrincantes es de las glorias del fútbol español que, desde el cambio de siglo, han dominado la escena de clubes. Lo nuevo, lo distinto, una evolución del futbol total de los 70s.

Y el otro, la Vecchia Signora, que ahora más que nunca merece ese nombre. El calcio italiano pasó de ser de las primeras ligas europeas y mundiales a diluirse en una crisis que lo ha obligado a vivir de una gloria antigua. Queda la historia, cada vez más vieja, más amarillenta. Nunca habrá polvo sobre los títulos, guardados en su museo. Pero la memoria, frágil y siempre fallida, se irá borroneando.

Dos estilos dos formas de narrar al mundo lo que es vivir y desear al fútbol. Hoy, dos jugadores se iban, pasaban a formar parte del panteón de dioses humanos. Más humanos que dioses, cuando enfrentan su propia mortalidad y entienden que los años pesan. Que es el momento de hacerse a un lado para darle espacio a otras leyendas mientras ven cómo la suya propia pasa a ser sujeto de la memoria. Alejarse del club que los hizo grandes y marcharse dejando a la merced de la memoria esquiva lo que fueron.

Pirlo, que jugó todo el partido y su impertérrita expresión. Como si ya supiera todo lo que ha sucedido y lo que sucederá. Xavi, el gran capitán, el fuego, la certeza de que todo estará bien. Ya cansado, ya de cambio.

Era la Copa. La última para ambos. La posibilidad de un tripleta, para cualquiera de los dos clubes. Irse bañado en oro y gloria. Entrar así a la historia, al fin del mundo. “Luego de hoy, no habrá nada”. En un partido donde la Juve echó mano de su tradición de calcio: atrás, esperar y contragolpe. De ahí nació su único gol que hizo pensar que sí, que esta vez era italiana la Orejona. Pero el continuo bombardeo del Barcelona ya tenía escrito La Quinta.

Y al final.

Un 3 a 1. Tan grande como la leyenda del Barcelona que ganó su triplete, su Quinta y el ser el primer equipo que gana dos tripletes.

Berlín fue la fiesta catalana en el mismo estadio donde en el 2006 Italia conquistó su cuarto título mundial. En el mismo lugar donde Buffon y el propio Pirlo celebraron con la Squadra Azzurra. Extrañas vueltas del destino. Y uno como observador no queda más que mirar con asombro, como quien ve el inicio y el fin de una supernova.

Pero más extraordinario aún fue encontrar una imagen. Una que volvió humano, totalmente humano al dios. Por un momento Pirlo cede ante la certeza y la impotencia. “Después de hoy no hay nada”.

En medio de la algarabía del bar donde yo estaba y los gritos y los cánticos del estadio, se nos presentó la imagen de ese sollozo que vino como desde el inicio de los tiempos y detuvo el tiempo y el mundo fue un hombre serio y barbudo acostumbrado a vencer que se encontraba ante sí la derrota. Justo, justito al final.

Vimos allí cómo lo comprendía, en la resignación más triste del mundo.

Y nos vimos todos allí, retratados en nuestros peores momentos. Los que son, los que fueron y los que serán.

Nos queda la esperanza de que tal vez haya un Paul Pogba que nos consuele.

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Imagen tomada de acá.

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