Mi cuerpo era flamas

Mi cuerpo era flamas. No es metáfora. Ardía.

Normalmente me gustaría marinar la carne desde el día anterior. Pero no tengo tiempo. El día, las semanas, la puta vida… Perdón. Me exalté.

Se lo vengo diciendo a mi analista. Cosas sin importancia me hacen estallar muy fácil. Me quedé sin paciencia.

El analista no me dice nada, me responde con preguntas que no quiero responder y yo pierdo la paciencia fácil. Estoy perdiendo la paciencia muy fácil.

-¡Para lo que le pago debería decirme qué tengo!

Y me voy dando un portazo. Después de 20 minutos lo llamo con una vergüenza atroz. Que me disculpe, que pierdo los estribos fácilmente. Que me gustaría poder marinar la carne desde el día anterior. Pero no puedo. Que es que no tengo tiempo, ¿sabe? Le digo.

Y él sabe, claro. Porque yo se lo vengo diciendo casi… No. Se lo dije desde el principio y lo vengo repitiendo desde entonces. En la primera sesión me preguntó que por qué venía.

-Viera, es que no tengo tiempo-. Así. Pero no era eso lo que le quería decir. No sé. Digo, es verdad que no tengo tiempo. Que se me van los días, las semanas, la…  vida. Pero no era eso que quería decirle. Pero así se lo dije. Así.

Entonces, él sabe. Muy bien que lo sabe pero pregunta por mis papás, mi niñez, otras cosas que no le pongo atención. Porque yo quiero hablar de que termino comiendo atún de lata y arroz sin alma. Que me deshago a poquitos cuando miro el plato estéril que me voy a comer.

Porque yo podría poner la carne a adobar desde el día siguiente. Con tomate, mucho tomate y con romero que es de los sabores que más me gustan en la vida. Y un poco de ajo y otro tanto de albahaca picada. Tal vez incluso con su buena cantidad de vino. Revolverlo todo con la mano mientras se mezclan entre sí, transformándose.

Pero no puedo darme el lujo de dejar una carne de un día para otro. Es mucho tiempo. Mucho, mucho. Apenas puedo dedicarle el rato necesario para inventarme algo que me entretenga la panza. Eso. Justo eso soy: buscar algo que me distraiga a pocos. Que evite la horrible sensación de estar siendo engullida viva todos los días mientras lucho a hasta matarme contra gente que me vale una mierda… Perdón.

Decía que no sé qué hacer. Que no tengo tiempo. Y el analista se me queda viendo sin decir nada. Está bien, juguemos al silencio. Pero no puedo soportar mucho tiempo porque el tiempo, ¿sabe? Mi tiempo es corto. No sé si valioso, pero apenas puedo separar esta hora, ¿cuál hora? Estos cuarenta y cinco minutos de mi agenda. Y si a eso le sumo el tiempo de desplazamiento digamos que ya es hora y media y la noche se me fue y debo llegar a la casa. Allí no termina, no. Pero… Suspiro fuerte y me revuelvo en el sillón con la incomodidad de que sé que podría estar haciendo otra cosa. Aprovechando mejor el tiempo. Yo casi no tengo tiempo y me estoy enojando.

-Era flamas. Ardía sin mucha tragedia hasta convertirme en cenizas- le digo.

No puedo soportar el silencio. Es como si no estuviera haciendo nada. Como si dejara que el tiempo se desperdicie. Es sentirme inútil. No puedo. No soy así. No soy inútil.

Silencio.

-No me gusta volver a soñar eso. Al final soy sólo cenizas que se las lleva el viento. Jueputa. Cenizas…

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